Un euro más débil para un Europa más fuerte

Un euro más débil para un Europa más fuerte

Uno de los problemas de que varias economías nacionales compartan una moneda única es que nunca llueve para el gusto de todos. Antaño, cuando un país entraba en un periodo de estancamiento, una de las armas más eficaces para mejorar las exportaciones y, por lo tanto, la balanza comercial, era la devaluación de la moneda. Una decisión drástica que tenía efectos inmediatos en la economía del país.

El problema con Europa es que las diferentes economías no se encuentran en el mismo momento de evolución. Por ejemplo, para países con una economía deprimida, como pueden ser Italia, Francia o España, un euro más débil les ayudaría a exportar más bienes a los mercados exteriores, porque serían más baratos. Pero a Alemania le interesa un moneda fuerte, porque no tiene problemas para exportar fuera de la eurozona.

Esta situación, sin embargo, podría revertirse en los próximos meses porque el crecimiento de la economía alemana se está ralentizando. Y hay que tener en cuenta que uno de los problemas a los que se enfrentan las economías más deprimidas es la baja demanda dentro de la eurozona, algo que se puede achacar a las rentas bajas de los consumidores y a una falta de crédito.

¿Por qué los alemanes, entonces, se niegan a una devaluación del euro? La primera razón es que un euro más débil reduciría los ingresos reales de los alemanes. Podrían comprar menos iPhones, por ejemplo, y su poder adquisitivo fuera de Europa disminiuría. La segunda razón es que deberían comprar más bienes privados de riesgo y, el mayor anatema para los germanos, deberían adquirir deuda soberana, algo hacia lo que siempre han mostrado reticencias insalvables.

Este es uno de los puntos flacos sobre los que el BCE debería presionar para, desde la economía, lograr una mayor unión política real y no permitir que el gigante económico europeo imponga unas condiciones que suelen benficiarle particularmente. A la larga, la dirección ecómica de Europa no puede circunscribirse sólo a las directrices del Bundesbank.

No hay duda de que hoy en día el euro es una moneda demasiado fuerte. Se puede comprobar por la tasa de inflación y porque las perspectivas de crecimiento no invitan al optimismo. Y todo esto cuando los tipos de interés se encuentran en niveles históricamente bajos. La eurozona necesita superávit, tanto para rebajar la deuda soberana como para tener líquido que invertir en mercados exteriores y, así, paliar el paulatino envejecimiento de la población, una de las lacras de Europa si lo comparamos con la demografía de las economías emergentes.

Aún así, la depreciación de la moneda no supondría, necesariamente, un superávit en las exportaciones. Incluso podría reducirlo. La economía no es una ciencia exacta, y se han visto ejemplos, como Japón o Argentina, donde esta medida ha sido contraproducente.

Por esta razón algunos analistas económicos están poniendo sobre la mesa nuevas propuestas. Por un lado, la estabilización del nivel de precios, con lo que aumentaría la inflación, bajarían los tipos reales de interés y se depreciaría el euro de una manera menos traumática. Por otro lado, el BCE debería anunciar la compra ilimitada de determinados tipos de bienes, como bienes privados internos y bienes públicos extranjeros. Esto conllevaría que la eurozona se encaminara hacia una verdadera recuperación, con un euro más débil y un superávit comercial más bajo.

De lo contrario, si el euro continúa fortaleciéndose, la inflación seguirá baja y se debilitarán las exportaciones, lo cual la podría llevar a un largo periodo de estancamiento como el que ha sufrido Japón en los últimos decenios. Y esto es, precisamente, lo que se quiere evitar.

Alfonso Barguñó Viana
Redacción

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La escalera del lider

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