Personas necesarias.

Personas necesarias.

A veces la vida también es justa, por fin Teresa Romero dice adiós a una pesadilla que duró demasiado. En España la inmensa mayoría de los ciudadanos nos alegramos de la curación de esta mujer que no solo ha tenido que sufrir los estragos del ébola sino además verse envuelta en una polémica que no le pertenecía. Algunos quizá olvidan que Teresa podríamos haber sido cualquiera.

Por delante a la auxiliar de enfermería todavía le quedan varios meses de recuperación hasta que sus órganos afectados (pulmones, hígado y riñones) se restablezcan a pleno rendimiento, con suerte ninguna secuela física aunque seguro el recuerdo por siempre en su memoria.

Un perro sacrificado, los lenguaraces comentarios de un Consejo de Sanidad doctorado en soberbia o una ministra suplantada en sus funciones por ineptitud son los otros males que el ébola dejó por el camino. Un sinfín de despropósitos que tuvieron en esta enfermedad hasta ahora extraña el perfecto detonante.

Dicen que son esos momentos críticos, la hora de la verdad a pie de precipicio cuando el ser humano se descubre por completo aflorando en él sus bondades y miserias, valía o debilidad, su esencia más íntima. La sanación de Teresa es la patada de vergüenza a los políticos, el homenaje en cambio a los profesionales sanitarios comprometidos, nuestros héroes de bata blanca.

Porque mientras buena parte de los políticos parecen más preocupados por resolver sus propios enredos e intentar salir airosos de una mala gestión organizativa y de comunicación; ahí está la mano salvadora de médicos y enfermeras cumpliendo con su servicio a los ciudadanos.
Son estos los que se crecen frente a la adversidad dejándose la piel minuto a minuto pues encuentran en su profesión la razón de ser: con sacrificio y sin hacer ruido.

Médicos, misioneros, voluntarios que viajan a África con billete de ida aún a riesgo de no conocer el de vuelta, que no buscan el nombre ni el reconocimiento solo la satisfacción de entregar sus vidas a los vulnerables. 

Personas necesarias que nos hacen creer en la bonhomía, esa sencillez unida con la bondad en el carácter y maneras hoy por suerte existe. Entonces el común de los mortales comprendemos cuán pequeños somos.

Su labor indispensable. El ébola no espera, la lucha continúa.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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