Despierta mundo.

Despierta mundo.

Entre paraguas y colores, cánticos, proclamas y nuevas banderas se está gestando una revolución global. El aleteo de una mariposa sigue provocando un tsunami alrededor del mundo, lo vemos en Hong Kong, Ucrania, Escocia, Brasil, Cataluña, Venezuela…por momentos nuevos puntos se suman a este contagio insurgente.

El movimiento se extiende imparable, la gente quiere opinar, votar y poder decidir de otra forma. El anhelo de libertad, democracia y soluciones es cada vez más fuerte. Pareciera que después de un largo periodo de silencio la boca pide a gritos expresarse y recuperar su función natural. Los perros ladran, los gatos maúllan, los ciudadanos claman.

“No me des leyes para los pueblos, sino pueblos para las leyes” decía Pitágoras cuyo sentido tantas veces tergiversado encuentra ahora su reprimenda. Porque – de acuerdo a los principios democráticos – el pueblo es el que debiera mover a los gobernantes y no a la inversa.

Conocíamos en un estudio reciente de la universidad de Illinois que los líderes no nacen sino que se hacen y en este proceso de formación requieren la voluntad de ser capaz, motivación y convicción para liderar. No es raro pues en los tiempos que corren ante la falta de credibilidad, actitud poco ejemplarizante y escasez de buenos líderes que los ciudadanos no confíen en la política por sus cauces habituales y decidan hacer de su capa un sayo.

Frente a la represión los sentimientos se enardecen y si nuestros políticos consideran apuntalar el muro peor aún la respuesta ciudadana se antoja imprevisible y virulenta. En estos casos solo la conciliación es el único antídoto.

Ejemplos como el del actual Papa Francisco I quien ha sabido dar un vuelco a una institución tan inamovible como la Iglesia Católica es cuanto menos paradigmático. En base a esta revelación los políticos deben replantearse antiguos dogmas de una rama que en principio se presenta más dúctil que la religiosa, valorar a sus ciudadanos como aliados de un proyecto común en vez de enemigos. De no hacerlo puede que acaben tarde o temprano ahogados por sus propios intereses.

Mientras, el mundo despierta de su letargo esperando nuevas recompensas. Para ello los ciudadanos están desarrollando toda su creatividad para dar vida a este movimiento.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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