Cambio de época.

Cambio de época.

Nadie duda en calificar los últimos años de los más turbulentos que se recuerdan, un grave contexto económico con daños colaterales producto del ambiente y políticos viciados.

No obstante, y sin negar la mayor, aun los más viejos somos demasiado jóvenes para alcanzar las penurias de generaciones pasadas.

Durante esta semana varios países alrededor del mundo (Brasil, Uruguay, Ucrania y Túnez) han celebrado o están en proceso de sus respectivas elecciones ¡Y pensar que no hace tanto ser mujer o no alcanzar cierto estatus eran condiciones excluyentes de voto! Hoy todavía existen algunos que lo creen requisito, pero no son la mayoría sino un reducto.

Imaginar entonces tal festival democrático, con abiertas posibilidades, nuevos candidatos y formaciones, era poco menos que una quimera. Quizá no acariciamos tan siquiera el ideal de democracia pero al menos los continuos progresos – también el “trabajo sucio” que supone barrer la corrupción – nos sitúan en el camino.

El mundo frenético ahora cambia en un abrir y cerrar de ojos mientras la información ya puede viajar a la velocidad de la luz. Nunca antes y de forma simultánea se habían dado tantos avances, cada vez más perfectos y diligentes.

Los cambios nos asustan porque despierta nuestra incertidumbre, y sin embargo son la única alternativa para salir del colapso y confort de lo conocido aunque no necesariamente útil.

Durante la Edad Media Dios era el centro del universo, luego en la modernidad el ser humano y la razón centró su máxima atención. Llegados a nuestros días cambiamos la visión antropocéntrica por el conjunto de las cosas, el yo por el nosotros. Si algo hemos aprendido es que juntos las voces resuenan más fuerte.

Este nuevo proceder permite el ascenso de formaciones “de abajo arriba” como Podemos o Guanyem en España que hacen tambalear las estructuras tradicionales. O el milagro en países como Túnez donde la primavera árabe ha visto su culminación en la Constitución más avanzada del mundo árabe-musulmán o ahora la derrota yihadista en favor de un gobierno democrático. Incluso una institución que se presume inamovible como la Iglesia Católica ha desplazado el foco de lo propio por el bien común.

Los expertos coinciden en que estamos viviendo – de acuerdo a estos momentos históricos – un cambio de época. Tenemos la oportunidad de “purgar” antiguos pecados, rectificar con sabiduría y atrevernos sin reservas a lo positivo que viene.

Con las fricciones lógicas de quien todavía no ha sistematizado todas las reformas, pero donde elegir el cielo o el infierno dependerá exclusivamente de nuestras decisiones conjuntas.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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