Almas conectadas.

Almas conectadas.

Nunca antes habíamos estado tan conectados. Gracias a la tecnología, artífice de multiplicar exponencialmente lo que conocemos como sociedad de la información ¿También nunca tan aislados? Cual paradoja no son pocos los que consideran la hiperconectividad que nos brindan los “cacharros informáticos” responsable de nuestro aislamiento virtual.

Acompañados pero solos, sobreinformados pero ignorantes a lo que de verdad importa, apáticos al ambiente circundante. La pescadilla que se muerde la cola. Un escenario que pintan apocalíptico donde la tecnología parece poco menos demonizada mientras que seres humanos lo somos cada vez menos.

Curioso que todos estos avances sean los mismos que han revolucionado la industria cultural, más democrática y de fácil acceso; en proceso también de reformular las estructuras de un capitalismo hasta ahora acomodado en lo viejo y porfiado en antiguos patrones.

Puede que seamos individualistas, experimentemos la soledad mientras la vida pasa solo al levantar la vista. Sin embargo es irónico saber que la tecnología no es más que una creación propia, fiel catalizador de todos los valores como lo es nuestra dualidad ¡Espejito, espejito! Los fenómenos sociológicos actúan como reflejo del contexto.

Frente al él podemos ver lo mejor de nosotros también repudiar aquello que por grado de identificación existe pero no queremos ver.

Con cierto grado de superioridad las tecnologías nos permiten jugar a ser dioses, subir un nuevo peldaño en nuestra escala evolutiva camino de la pléyade. Hoy ya comprobamos cómo éstas nos ayudan a mejorar el bienestar y calidad de vida más incluso en el futuro la innovación será gran responsable en la curación de enfermedades.

No obstante, y aún reconociendo estos logros, no deberíamos abandonar las cuestiones más terrenales. Cuántas veces hemos escuchado que en momentos previos a una tragedia las víctimas de los sucesos enviaban a sus familiares vía móvil un mensaje de despedida. Tampoco la distancia es suficiente motivo para separar a una familia o pareja, sus caras y voces sobre la pantalla del Skype. No será lo mismo y pese a todo por momentos podemos sentir su compañía, dejar de estar un poquito menos solos.

Los valores de siempre parecen inquebrantables: el amor, la familia, los amigos…son temas universales que precisamente por su cualidad trascienden el tiempo, se elevarán por encima de cualquier avance. Son precisamente estas cuestiones las que nos permiten poner los pies en la tierra, tener siempre presente de dónde venimos y hasta dónde llegar.

El célebre poeta Antonio Machado decía que “un corazón solitario no es un corazón”. La tecnología no puede robarnos ni la conciencia ni el espíritu. Porque de cualquier modo, ya sea a nivel físico o virtual, seguiremos siendo una comunidad de almas conectadas.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

 

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