Estado o terrorismo islámico.

Estado o terrorismo islámico.

La reciente conferencia en Paris sobre la paz y seguridad en Iraq ha dado un paso más allá de la habitual retórica pacifista sentando las bases de una coalición internacional de una treintena de países. Un gesto deseado que viene a romper la distancia – no precisamente geográfica – que separa oriente y de occidente.

Seguramente la terrible ejecución de periodistas y cooperantes occidentales haya sido el detonante definitivo para que la comunidad internacional salte como un resorte. Aún así, aunque solo la amenaza de los intereses propios sea la causa de su movilización, no es el momento de criticar la oportunidad de acabar con el yihadismo sea cual sea el móvil de la acción.

El fin está claro, el cómo e incluso quiénes no tanto. Mucho se está hablando de un modo genérico acerca del Estado Islámico como enemigo a batir ¿Puede un grupo de terroristas de 30.000 combatientes enrolados en “EI” ser representativo de todo un pueblo y además llamarse Estado ?

La definición que tenemos del Estado con varias acepciones pero en este contexto según la RAE como “conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano”, vinculado además a unas fuertes connotaciones democráticas, reconocimiento y Derecho internacional nada tiene que ver con las prácticas fanáticas a golpe de fuerza de los guerrilleros.

Tampoco el término Islámico, en relación a la doctrina de Mahoma, que en su traducción “sumisión” ya encierra implícito la no violencia y tolerancia de otras creencias parece tampoco analogía exacta de su ‘lucha’ yihad.

Porque el lenguaje, la forma equívoca – aun no siendo intencionada – en que damos vida a un objeto es la perversión sobre las cosas mismas. Un propósito buscado por los terroristas quienes alimentan su poder en el reconocimiento de su condición, trascendencia de la barbarie.

Al fin y al cabo qué es un terrorista sin armas, ni nombre, ni división si no solo ira frustrada que no encuentra vehículo de expresión.

“Cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo; no sea que te chamusques a ti mismo” dijo en cierta ocasión Shakespeare. A veces olvidamos que la influencia de la palabra es tal que en su repetición crea patrones de conducta, símbolos, representaciones sociales y hasta imaginarios colectivos.

No hay que olvidar que la palabra es el acto que precede a la acción, considerar a “EI” como Estado Islámico es otorgar la legitimidad que ellos demandan, la primera munición bajo el amparo de falacias aprobadas. Como una parte del todo tampoco la inquisición o guerras civiles en territorio cristiano reciben la misma justificación.

Cabe recordar el origen de totalitarismos como el nazi que supo manipular hábilmente a las masas revistiendo su ideología de propaganda efectiva y compleja simbología desvirtuada a su propósito. Solo posible bajo el respaldo económico de banqueros, asociaciones, grandes empresarios y petroleros.

Porque no nos engañemos, la vida del terrorismo acaba cuando éste no dispone de buenos “sponsors”. Conocemos que estados de la región los financian, les compran su petróleo y son los encargados hoy de patrocinar las actividades sanguinarias de sus ejecutores.

Una vez entendido todo esto, puede que la comunidad internacional tenga el pensamiento más iluminado para no ser reincidente en errores y cortar definitivamente el grifo. Una decisión inteligente que necesitará por supuesto, la determinación conjunta sin que les tiemble el pulso.

Jorge Dobner
Editor 
En Positivo

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