La felicidad es el medio no el fin.

La felicidad es el medio no el fin.

Tradicionalmente la felicidad se ha concebido como un fin en sí misma, cosa que contrario de lo que creíamos causa más frustración que dicha. La posibilidad de hacer camino al andar potenciando aquellas herramientas y áreas propicias, y disfrutando en definitiva de lo que hacemos en el momento puede ser la clave para alcanzarla.

El polifacético Anders Sandberg, entre otras cosas investigador del Instituto del Futuro de la Humanidad, nos acerca una realidad integrada entre el hombre y las máquinas, y cómo estas últimas pueden desentrañar los procesos de la felicidad.

Sandberg investiga junto con genios de raciocinio impecable, como Eric Drexler, creador de la nanotecnología. Y sin embargo luce la medalla de la crionización con instrucciones para congelar su cadáver hasta la resurrección transhumana (circa 2050). Pero añade con ironía que la medalla ya le sirve para captar la atención de las chicas. Gozo escuchándole y me anima: “Las profesiones rutinarias que no harías sin cobrar serán reducidas a un algoritmo y hechas por máquinas. Sólo los oficios ‘3P’ (políticos, prostitutas y pastores de almas) serán insustituibles, “porque exigen una actuación diferente cada vez”. Tras esta contra déjenme añadir la cuarta P: la de periodista.

Qué invento cambiará nuestras vidas?

Soy matemático e informático, pero la investigación más terrorífica que he analizado era de psicología cognitiva…

¿Inteligencia artificial?

Revelaba la torpeza de los humanos para reconocer qué les hace felices y qué infelices.

Siempre es más fácil verlo en otros.

El trabajo también daba pruebas de lo incapaces que somos de detectar los hábitos y conductas que nos hacen desgraciados.

¿Cuáles son esos tristes mecanismos?

Uno de los más habituales en nosotros es confundir el fin con los medios.

Por ejemplo.

¿Se reconocerá a sí mismo en la conducta de una manada de chimpancés?

Claro: soy un primate librepensador.

Pusieron una máquina a los simios con palancas. Cuando las accionaban, expulsaban unas fichas de plástico que podían introducir en otra máquina para sacar plátanos.

Era darles culturilla financiera.

Demasiada, porque los convirtieron en maximizadores racionales de beneficio y, en lugar de ir sacando sus monedas cada vez que tenían hambre y sacar uno o dos plátanos, que hubiera sido lo juicioso…

¿Actuaron como humanos?

Efectivamente: el macho alfa se lio a tortas con los micos beta, que pugnaban por darle a la palanca de las monedas con frenesí, hasta que las atesoró todas y, como cualquier ricachón, se fue a un rincón con cara de mala uva para que nadie tocara su dinero.

Hoy tendrá más plátanos que amigos.

Como tantos humanos, el triste primate cometía el primer gran pecado contra la felicidad: confundir el medio con el fin. El dinero sólo es el medio que sirve para tener comida, que es el fin, pero cuando lo atesoras lo conviertes en el objetivo. Y te quedas solo.

Los plátanos saben mejor compartidos y si no los compartes, se pudren.

La segunda derivada de esa confusión entre medios y fines es reducir a los demás a meros medios para lograr tus fines egoístas. De ese modo degradas tus relaciones con los demás humanos y te privas de su calidad de seres infinitamente diversos. Y te vuelves a quedar solo.

Yo creía que hablaríamos de máquinas.

Todo está relacionado. Estamos diseñando la inteligencia artificial de los robots para que corrijan conductas por el mismo mecanismo que Aristóteles describe para alcanzar la virtus en su Ética a Nicómaco.

¿La persistencia?

Es mejor que los antidepresivos. Si usted tiende a ser pesimista y no confía en sí mismo, ese temor le hará inseguro y tal vez también incompetente, y por tanto es probable que le acaben despidiendo con razón.

¿Cómo enseña al robot a aprender?

Primero con aserción voluntaria, como usted puede enseñarse a sí mismo: “Me voy a imponer optimismo. Voy a tener pensamientos positivos: ¡qué bien me ha salido este trabajo!”. Al principio, esa aserción será sólo voluntarista y su obra tal vez no sea tan buena como sus ganas de hacerla bien…

Pero quien la sigue la consigue.

…Y las neuronas que se usan una y otra vez acaban creando un circuito por proximidad -lo mismo que en la inteligencia artificial-, así que, si persiste, acabará por tener una actitud más positiva que le hará ser más eficiente. Y nadie despide a alguien eficiente.

Al menos en teoría.

Esa es la segunda línea de nuestras investigaciones: ¿qué profesiones van a desaparecer en el futuro inmediato?

Ya hay software que redacta noticias.

Y sustituirá a los periodistas que sólo redactan rutinariamente. El 50 por ciento de las profesiones desaparecerán en los próximos 25 años. En general: si está cómodo en su rutina laboral es porque pronto la hará una máquina. Desaparecerán los oficios que puedan ser reducidos a un algoritmo, como el de esos teleoperadores que siguen frases en una pantalla, porque ya los harán máquinas.

¿Y los conductores?

Ya los están sustituyendo ordenadores e inteligencia artificial en minas, fábricas, puertos y todo recinto controlado. Y desaparecerán a medida que la circulación se vaya convirtiendo en circuito previsible.

Y ahí tenemos ya el Google-car.

Es el siguiente paso, pero antes hay que convertir las calles en circuitos cerrados…

Pobres taxistas.

También desaparecerán los tecnócratas y los gestores de procesos sistematizables. Será un proceso acelerado -diez años- hacia mitad de siglo, porque la inteligencia artificial diseñará cada vez mejor inteligencia artificial. Así, dentro de medio siglo participaremos en procesos tan conflictivos como los que vivimos con la revolución industrial.

También decían hace unos años que todo sería realidad virtual, y ya ve.

Yo también me puse aquellas gafas y guantes de realidad virtual creyendo que eran el futuro, pero antes han llegado los móviles y ahora son las Google-glass las que nos llevan hacia la vida virtual, pero nos llevan. El destino siempre es más predecible que sus caminos.

Lluís Amiguet

Fuente: LaVanguardia

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