En Japón el pueblo más longevo del mundo

En Japón el pueblo más longevo del mundo

El pueblo más longevo del mundo se llama Ogimi y se encuentra en el Archipiélago japonés de Okinawa. Aquí existe la mayor concentración mundial de ancianos con más de cien años. Este pueblo se parece mucho a un paraíso. Sus personas centenarias gozan de buena salud y habitan en un clima subtropical de vegetación frondosa, frente a unas playas de aguas turquesas que bañan esta zona del Pacífico.

Ellos, en varias entrevistas concedidas, cuentan sus secretos: se levantan temprano, normalmente antes de las seis de la mañana y trabajan sus propios huertos hasta el medio día. De sus terrenos obtienen la mayor parte de los alimentos pues comen mucha fruta, verdura y pescado.

Algunos afirman que probaron la comida norteamericana, y que aunque les gustó, no la incluyeron en su dieta, pues las patatas fritas y las hamburguesas afirman que no son para ellos.

Nunca tuvieron estrés competitivo por ningún motivo, de hecho, son unos ciudadanos que interactúan mucho con los vecinos y con las familias, de donde obtienen no sólo el apoyo emocional, sino también cuando les hace falta, el financiero. Acostumbran a reunirse con los amigos y familiares después de la comida. Por la noche escuchan la radio o ven televisión. Preparan la cena y se acuestan temprano.

El 80% de los ancianos viven solos, no son dependientes, ya que la salud así se lo permite. Las mujeres aseguran que les gusta el que las llamen abuelas, porque ésta es una palabra maravillosa.

Algunas mujeres entre 80 y 90 años se ocupan en los telares, en hacer bashofu, que es un tejido típico de Okinawa, muy antiguo (se cree que del siglo XIII) Una de las tejedoras entrevistadas aseguraba sentirse muy bien de salud porque nunca nada había limitado su pensamiento ni su libertad.

Van a todas partes en bicicleta o andando, y algunas cuentan que no tuvieron ningún resfriado en toda su vida.

Las estadísticas del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón no dejan lugar a dudas: Ogimi, un pueblo de 3.500 habitantes, de los cuales, unos noventa, cuentan con cien años o más. Ellos son un claro ejemplo de que no apartarse de una vida natural, redunda en mucha calidad de vida.

Ogimi se encuentra al norte de Okinawa, en la parte más austral de Japón, integrada por 160 islas de las que 44 están habitadas por 1,3 millones de personas. La zona da a las aguas del Pacífico, (que en esa parte recibe el nombre de mar de China Oriental) la selva subtropical cubre tres cuartas partes del pueblo, por el que corren ríos y arroyos, origen de un medio ambiente rico en biodiversidad. A los pies de esas colinas se extienden los numerosos huertos que cuidan sus propietarios.

Está claro que no hay una poción mágica. Investigaciones en el Instituto Nacional de Gerontología estadounidense han confirmado que limitar la ingesta de calorías supone un aumento de la esperanza de vida en todas las especies estudiadas, desde la mosca de la fruta hasta los primates. Estas personas longevas, además en sus dietas han integrado el pescado (que lo comen hasta tres veces al día) con el gran aporte saludable de los omega 3.

Todo ello lo acompañan con té verde o negro (ricos en antioxidantes), y evitan la leche y el azúcar; además toman mucha agua (de 8 a 12 vasos diarios) y cúrcuma, una de sus especias favoritas para aderezar las comidas o para beber, a la que se atribuye un sin número de beneficios para la salud.

El estudio de los centenarios de Okinawa demuestra que la longevidad es una cuestión más de costumbres que de genes, dado que los propios habitantes de Okinawa han visto reducida dramáticamente su esperanza de vida cuando se han trasladado a vivir al extranjero, como ocurrió con los que fueron reclutados en 1930 para trabajar en las plantaciones de caucho en Brasil.

La espiritualidad también juega un papel importante. El Budismo y el Confucionismo optan por unas vidas de meditación, tranquilidad y moderación en las comidas.

A todas estas conclusiones llegan tres expertos después de estudiar el tema: el geriatra y cardiólogo japonés Makoto Suzuki y los hermanos gemelos estadounidenses Bradley y Craig Willcox, internista y antropólogo.

María Alcalde
Redacción

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