Vivir sin dinero

Vivir sin dinero

Hay quienes hacen del consumismo su modus vivendi sin poder resistirse a las novedades del mercado, otros en cambio desafían las convenciones viviendo con poco o nada. Quizá la mayoría los considere unos idealistas en busca de algo improbable pero ellos reivindican la libertad que proporciona una vida sin comprar posesiones materiales.

“Empecé a hacerlo por la situación del mundo. Porque me parece injusto que haya gente que muera de hambre mientras nosotros derrochamos a diario la comida” expresa Heidemarie Schwermer, una alemana que desde 1996 solo práctica el ‘dar y tomar’ como moneda en curso.

Con todo no quiere decir que esta elección resulte sencilla, más cuando con anterioridad seguían las mismas reglas que el común de los mortales “Hay que aprender a trabajar con el miedo y a vivir en el momento presente. También hago previsiones y calculo que nada me falte, pero más de una vez me ha ocurrido que no tenía nada para comer, y de pronto me llaman unos amigos que me invitan ese mismo día”.

No obstante tal y como valora Schwermer la posibilidad de relativizar la propia existencia compensa cualquier pérdida “Viviendo así te das cuenta de que muchas de nuestras preocupaciones en la vida diaria son absurdas, y muchas de ellas están relacionadas con el dinero”.

Una idea recurrente es vincular este estilo de vida con la asunción de votos de pobreza u otros fundamentos religiosos tal es el caso de los monjes tibetanos o ciertas corrientes de la Iglesia Católica. Históricamente, figuras como la Madre Teresa de Calcuta o el Dalai Lama son ejemplo de personas que se mantuvieron al margen de asuntos financieros.

Sin embargo la mayoría responde a un sentimiento profundo de rebeldía, hartazgo frente a los preceptos de un modelo económico asfixiante, inclusive para quienes tienen su existencia ya resuelta.

Así por ejemplo Mark Boyle, un irlandés de 32 años abandonó una carrera como gerente de negocios para vivir en el campo de acuerdo al autoconsumo. Después de su experiencia Boyle empezó a difundir su estilo de vida en Internet, predicando un consumo más consciente.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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Consumo colaborativo, una explosión imparable

 

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