Una realidad de ciencia ficción

Una realidad de ciencia ficción

Yo robot, Una odisea en el espacio, Blade runner… Estas películas tienen un elemento en común: pertenecen al género de la ciencia ficción. En todas ellas aparecen robots y máquinas cuya inteligencia es igual o superior a la de los seres humanos. Máquinas que son capaces de pensar, racionar, decidir e incluso en determinadas ocasiones, sentir.

En la realidad también existen, aunque no tan desarrolladas, algunas máquinas inteligentes, como, por ejemplo, el superordenador Deep Blue que en 1997, derrotó al mejor jugador de ajedrez, Gary Kasparov, en cuestión de minutos. Así pues, la pregunta está clara, ¿podrá la realidad superar a la ficción?

Marvin Minsky, uno de los padres y de los mayores apasionados de la inteligencia artificial que incluso asesoró a Stanley Kubrick en algunas de sus películas, opina rotundamente que sí.

“Si no se ha logrado aún es debido a la falta de medios económicos y humanos”, aseguró Minsky. “Desde hace varias décadas no veo nada que me sorprenda en este campo de investigación y es precisamente porque ya no existe la financiación abundante que había durante la Guerra Fría. Es una extraña paradoja, pero cuando la inversión pasó del ámbito militar al civil en los años 80, la investigación se volvió más conservadora. Desde los 50 hasta casi los 80, investigábamos con dinero militar y teníamos presupuestos enormes y muy poco control durante largos periodos de tiempo, justo lo contrario de lo que ocurre con la investigación civil, en la que hay que justificar en muy poco tiempo los fondos que reciben los investigadores. Es divertido pensar que la investigación militar acaba siendo más libre y creativa que la civil”.

No obstante, sí que se han hecho algunos descubrimientos y, por ejemplo, se ha probado que es más sencillo que una máquina resuelva operaciones complejas y aplique procesos que requieran una gran lógica matemática y pericia, como podría ser hacer un diagnóstico médico, a que actúe con sentido común.

Minsky, quien describe a las personas como “máquinas muy evolucionados”, considera que el cerebro humano es tan solo una “máquina de carne” de la que no se sabe prácticamente nada: “No hay ninguna base científica detrás y no sabemos lo suficiente sobre cómo el cerebro humano resuelve problemas complejos. La gente no se debe creer demasiado lo que se dice en la actualidad porque todavía somos unos principiantes”.

Minsky no cree los proyectos multimillonarios ya que piensa que son una pérdida de dinero y argumenta que el dinero debería repartirse mejor para que más gente pudiera investigar. También asegura que cada paso que se quiera dar a favor de la inteligencia artificial supone un riesgo que hay que asumir hasta lograr que esta funcione de la manera deseada, correctamente, sin cometer ningún error.

Es por eso que muchos no comparten su visión e incluso hay quien considera que la inteligencia artificial es, tal y como su propio nombre indica, algo antinatural y que, por tanto, puede llegar a ser peligroso y actuar en contra nuestra. El establecimiento de la ética, los valores morales y las normas se hace difícil cuando los humanos están dominados por las máquinas.

“Cualquier cantidad de automatización no puede volver a crear la inteligencia, ya que es un regalo para la humanidad. Ninguna máquina puede mostrar el resultado de la dedicación o las emociones durante el trabajo y los seres humanos, como tales, no pueden vivir en un mundo que sólo está circundado por las máquinas”. Un ejemplo claro es un hospital: los robots, o las máquinas inteligentes, no podrían reemplazar el cuidado y la preocupación mostrada por el personal.

Aun así, Rafael Yuste, el científico aragonés exiliado a EE.UU. y responsable del proyecto millonario de ese mismo país para revelar los secretos de la mente humana, insiste y considera que “son herramientas que el hombre siempre va a estar controlando. Volvamos atrás en el tiempo. El hombre inventa la rueda, domestica a los caballos o inventa la agricultura, y esto transforma su cultura y civilización. Yo pondría la inteligencia artificial en esta categoría de herramientas técnicas que la Humanidad ha desarrollado a lo largo de su historia, que nos han engrandecido”.

Yuste también asegura que es fundamental comprender el funcionamiento del cerebro humano para poder mejorarlo y a la vez poder crear los cerebros artificiales. “El aspecto más complicado cuando se trata de comprender cómo funciona el cerebro es que no existe una técnica que permita observar la actividad de grupos de neuronas simultáneamente. Los neurobiólogos llevamos muchos años registrando la actividad de neuronas con electrodos, de una en una. Pero esto es como si intentaras ver una película en la televisión pudiendo ver sólo un píxel. Por mucho que mires a un píxel, es imposible que te enteres de lo que está pasando. Por eso, lo que necesitamos son técnicas que nos permitan ver toda la pantalla”.

Así pues, aunque se sepa poco sobre la inteligencia artificial, creer es crear y por ahora si algo les sobra a los investigadores y a los apasionados de la ciencia ficción, es fe, ideas, convicción y ganas de seguir investigando.

Alexandra Cuesta Ortal
Redacción

Leer más:
La revolución de la inteligencia

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