jueves, 21 septiembre 2023

El adiós de un rey

La democracia la trajo el pueblo español, pero todos coinciden en que el todavía rey Juan Carlos I (Roma, Italia, 5 de enero de 1938) fue pieza angular de la conocida como transición española. Ahora el “patrón” – tal cual llama cariñosamente su hijo Felipe de Borbón – abandona el “timón” para delegar precisamente en éste las múltiples responsabilidades que conlleva el cargo.

Desde hace un tiempo se barruntaba la posibilidad de que Juan Carlos I abdicara en favor del príncipe de Asturias, pero pocos a pesar de la presión creciente creían que tal decisión pudiera llevarla a cabo, al menos tan pronto.

Sin embargo el rey ha demostrado que también escucha, en beneficio de los ciudadanos y de la propia institución, cuyo prestigio había decaído por una sucesión de escándalos, en especial la supuesta implicación de su yerno Iñaki Urdangarín en la trama de corrupción ‘caso Nóos’, aún pendiente de resolución.

Con su abdicación dice adiós a casi 40 años de reinado (concretamente 39) desde que el 22 de noviembre de 1975 se le coronara tras la muerte del General Franco.

De vuelta a la actualidad, valorando este momento histórico, supone en estricto sentido el cierre oficial a un periodo mientras  que se abre con incertidumbre una nueva página por escribir.

Sin artificios y enmarcado por un regio plano americano Juan Carlos expresaba en su último mensaje real que “una nueva generación reclama con justa causa un papel protagonista (…) merece pasar en primera línea una generación más joven, con nuevas energías”.

Reivindicando a continuación la figura del príncipe Felipe “Mi hijo Felipe, encarna la estabilidad, que es seña de identidad de la corona (…) tiene la madurez, preparación y sentido de la responsabilidad necesarios”.

Lo cierto es que a pesar de la pérdida de popularidad de la monarquía parlamentaria el Príncipe mantiene su reconocimiento, sin ir más lejos una reciente encuesta de Sigma Dos recogía que el 66 por ciento de la ciudadanía tiene buena o muy buena opinión sobre él.

No en vano su prestigio traspasa fronteras con destacada presencia en aquellos actos oficiales que se celebran Latinoamérica. Desde 1996 ha representado a la corona en la toma de posesión de los presidentes de cada país, un total 69, la última el pasado fin de semana con el salvadoreño Salvador Sánchéz Cerén.

A través de actos y encuentros ha podido estrechar el vínculo que une a España con Latinoamérica, acercando intereses y allanando el camino a futuras alianzas.

Por delante Felipe VI tiene el difícil cometido de gestionar la desafección de la sociedad respecto a la monarquía española, su representación política, la falta de legitimidad de las instituciones y posible reforma de una constitución cuya validez es cuestionada. Preparación, experiencia y fuerzas renovadas parece ser herramientas más que suficientes para afrontar cualquier desafío.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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