El internacionalismo como razón política.

El internacionalismo como razón política.

En los momentos críticos es cuando más sentido adquiere la unión como fuerza para superar cualquier obstáculo.  Por ello, estas Elecciones Europeas se convierten en un buen escaparate para comprobar si un giro en la política continental es posible.

Al respecto Miguel Urban , miembro del consejo asesor de la revista Viento Sur, aboga por la recuperación del internacionalismo como reflejo de una mayor cooperación política y económica. El ejemplo de Grecia con el ascenso de la coalición de izquierda Syriza es síntoma de que algo está cambiando.

Una oportunidad para el internacionalismo.
Las próximas elecciones al euro-parlamento son una buena ocasión para la construcción de un discurso y una practica internacionalista, tan urgentes para plantear una alternativa creíble a las políticas de recortes y austeridad.

El plantear las políticas emancipadoras desde un punto de vista internacionalista se ha convertido en una necesidad para los que aspiramos a cambiar las cosas.

No es simplemente una opción ética, aunque no debemos renunciar a la fuerza moral que proporciona la solidaridad con otros pueblos, aparentemente lejanos, pero que viven problemáticas similares a las nuestras cada vez de forma más parecida. El sentir que hay otras personas que luchan por la misma causa que nosotros es un buen antídoto contra los odios y contra las tentaciones de confundirnos de enemigo.

El internacionalismo, como construcción ética, es un arma estratégica que ubica las luchas entre explotadores y explotados, un gran remedio contra la xenofobia y los nacionalismos opresores.

La perdida de ese horizonte ha provocado grandes tragedias a lo largo de la historia. Este año se cumplen cien años del inicio de la I Guerra Mundial y no está de más recordar uno de los hechos que permitieron aquella horrible carnicería: el abandono por parte de la socialdemocracia de posiciones internacionalistas, primando la fidelidad a sus clases dominantes nacionales sobre la alianza entre los diferentes pueblos de Europa.

Hoy, cuando los poderosos han desatado una guerra de tipo económico contra la ciudadanía basada en la devastación social, hemos de tener presente donde conduce olvidar nuestros intereses comunes.

Decía que no es simplemente una opción ética para resaltar que también es una necesidad material. El proceso de integración europea ha generado relaciones estructurales, tanto a nivel económico como político, hacen que una lucha en país aislado contra las políticas de empobrecimiento esté destinada a fracasar. Syriza lo expone muy bien cuando habla de romper con la troika sin renunciar a expandir el cambio por Europa.

¿No será el modelo de instituciones europeas el que impulsa un proceso en el cual los países del centro expolian a los del sur mientras llevan hacia la precariedad al conjunto de trabajadores y trabajadoras, independientemente de su nacionalidad? Esta Europa antidemocrática, regida por lo que Perry Anderson llama en su magnifico libro El nuevo Viejo Mundo instituciones regulacionistas (nadie las ha elegido pero marcan los límites de lo que se puede hacer y lo que no) se ha convertido en un campo de batalla, una batalla que se da en diferentes ámbitos y a muchos niveles, una batalla entre las de abajo y los de arriba.

Lo que está claro es que algún país tiene que ser el primero en romper con las políticas impuestas por la UE. Pongamos como ejemplo uno muy probable: el caso griego. Si Syriza gana las elecciones y tiene opción de gobernar, se va a enfrentar a dos retos. Por una parte, ganar las elecciones no es tener el poder. Syriza se enfrentaría a una presión interna, de sectores del aparato estatal y de las clases dominantes, que se resistirían a cualquier cambio.

La única solución para resolver ese problema es un pueblo auto-organizado, consciente, que apoye al gobierno activamente. ¿Que un empresario cierra una fábrica? Pues los trabajadores y trabajadoras tendrán que ponerla a producir con el apoyo del Estado. De hecho, ya se han dado casos similares en Grecia, pero por desgracia, el gobierno de la Troika prefiere que se cierren empresas a apoyar a las trabajadoras y a los trabajadores.

El otro problema serían los intentos de las instituciones europeas y de los gobiernos neoliberales de ahogar externamente la economía griega. La troika y la UE harían todo lo posible para demostrar que no se puede hacer otro tipo de política en Europa, que estamos condenados a la austeridad y al empobrecimiento. El gobierno griego ya no sería un fenómeno exclusivamente griego, si no que sería otro campo de batalla europeo.

Si un gobierno así fuese derrotado, la idea de que otro modelo es posible sufriría una dura derrota, pero si un gobierno de estas características resistiese, sería un ejemplo a seguir para otros pueblos, abriendo una alternativa real a otra clase de políticas. En este sentido, Syriza tiene además la responsabilidad histórica de no defraudar las expectativas de cambio que su llegada al Gobierno traerá. Una decepción más abriría la puerta de forma dramática a los neonazis de Amanecer Dorado.

La única solución sería solidarizarse con un gobierno de este tipo desde todos los rincones de Europa, presionando en los diferentes países y a las diferentes instituciones de la UE. Si queremos ganar, tenemos la urgencia de ir construyendo lazos entre las diferentes resistencias que se dan en Europa. Las elecciones europeas son un buen momento para ello, porque “si solo no puedes con amigas si”.

Miguel Urban
Miembro del consejo asesor de la revista Viento Sur

Fuente: Público

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