No estamos solos, tenemos que estar más vivos que nunca.

No estamos solos, tenemos que estar más vivos que nunca.

España vive un periodo convulso ante las últimas medidas tomadas por el Gobierno de Mariano Rajoy del Partido Popular.

Primero fue el deceso de Radiotelevisión Valenciana como iniciativa unilateral del Partido Popular y con Alberto Fabra, presidente de la Generalitat, a la cabeza.

Ahora la propuesta de Ley de Seguridad Ciudadana que prevé, entre otras cosas, duras sanciones económicas para aquellas manifestaciones no comunicadas en instituciones públicas.

Sobre la gravedad de los acontecimientos resuenan las voces que ya han calificado de “golpe de estado” el caso de Canal 9 en Valencia. De igual forma Asociaciones de jueces se han pronunciado públicamente frente a la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, según sus palabras “innecesaria” y “autoritaria”, al tiempo que la comparan con la Ley de Vagos y Maleantes o la Ley de rehabilitación social del franquismo.

Incluso desde el Consejo de Europa el comisario de Derechos Humanos, Nils Muiznieks, se ha revelado en contra al considerarla “altamente problemática”.

Bien parece un contexto más propio de ciertas imágenes en blanco y negro, las mismas que avivan fantasmas del pasado. Sin embargo por suerte la transición nos dejó la Constitución del 78, una democracia en color y de su mano el reconocimiento de los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Entre ellos el artículo 20.3 donde “la ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España”.

También el artículo 21 que protege el derecho de reunión para reivindicar una finalidad o como “una manifestación colectiva de la libertad de expresión ejercitada a través de una asociación transitoria”.

Palabras que no podrán borrar ni los más desmemoriados, en su día amparadas bajo promesa o juramento de los altos cargos. Porque la historia nos enseña que las renuncias de compromiso más pronto que tarde reciben la inapelable respuesta del pueblo.

Difícil tarea la de silenciar el clamor de la calle tan necesitado de respeto. Más si cabe hay que reivindicar los valores que nos hicieron fuertes en una transición que ahora no se siente tan lejana ¡coraje y unión! Con ciertas similitudes el movimiento 15-M, los “Indignados”, se hace eco de los deseos que luchan por la plena democracia.

No sería la primera vez que el órgano judicial revoca ciertos proyectos. No estamos solos, es más, tenemos que estar más vivos que nunca.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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