Para qué correr tanto. Opinión de Remei Margarit

Para qué correr tanto. Opinión de Remei Margarit

Remei MargaritEl culto a la velocidad.
En primer lugar, todas mis sentidas condolencias para las familias de la tragedia del tren de Galicia. Ante tanto dolor, las palabras quedan vacías de sentido, pero aun así, tan sólo tenemos las palabras para comunicar nuestros sentimientos y ahora me sirvo de ellas para acercarme al sufrimiento de tantas personas. Eso no debería haber pasado.

¿Pudo ser un error humano? ¿Pudo ser un error de la técnica? ¿Llegará a saberse en realidad? Aunque detrás de todo ello debería abrirse un debate social en profundidad.

Tal vez una pregunta podría ser: ¿es realmente necesaria tanta velocidad? y ¿para qué?

En estos últimos tiempos parece que hemos entrado en una especie de culto a la velocidad, convertida en un icono de modernidad. Los medios publicaban que España es uno de los países con la más alta velocidad del mundo en cuestión de trenes.

Y una se para a pensar para qué correr tanto, para ir adónde a hacer qué, que no pueda esperar unas horas más.

La alta velocidad en trenes significa un dispendio considerable, no sólo en su construcción sino también en su mantenimiento, y además el coste de sus billetes discriminan a una buena parte de nuestra población empobrecida. Eso, en lo que respecta a lo económico, pero existe también, como desgraciadamente se ha puesto de manifiesto, el peligro para la población.

Cierto que accidentes los hay en todos los medios de transporte, pero a mayor velocidad, el riesgo es más alto para los viajeros.

No hace falta ser ingeniero para saber que se puede frenar mejor cuando la velocidad es menor.

Una cosa es decidir individualmente si se quiere correr un riesgo que no afecte a otras personas, y otra muy distinta es hacer bandera de la velocidad como si se tratara de rendir un culto a un dios cruel, y arrastrar a ello a personas que confían en que la técnica y el control del conductor sobre sus propias limitaciones sean perfectos.

Pues tan sólo somos humanos, nos equivocamos todos, los conductores, los técnicos de los trenes, los ingenieros y los políticos que quieren lucir sus carísimas infraestructuras. Creo que la mejora real del país sería pensárselo dos veces.

Remei Margarit
Psicóloga y escritora
Publicado en: La Vanguardia

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