De esta crisis, salimos todos juntos

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La política debe ponerse al día.
Robinson, el politólogo más importante de nuestra época, enumera los factores más propensos para explicar porque unos países se desarrollan más que otros, tales como instituciones políticas inclusivas, que hacen partícipe al ciudadano de las decisiones, tienen más opciones de progresar.

“Las cosas no seguirán como hasta ahora. Habrá una reacción violenta” dice James A.Robinson.

“Por qué fracasan los países”, el libro que firma junto a Acemoglu, se ha llegado a comparar su contribución con una de las obras cumbre de la historia del pensamiento económico, The Wealth of Nations, “La riqueza de las naciones” en castellano, de Adam Smith.

Cuando el poder está repartido, cuando todos los ciudadanos son tratados con justicia, cuando hay pluralismo y Estado de derecho, se generan “círculos virtuosos” que conducen a un mayor desarrollo.

Robinson, apoyándose en Adam Smith, defiende que los países que consiguen el éxito económico son los que tienen instituciones económicas inclusivas, instituciones que crean incentivos y oportunidades para la mayoría de la gente.

A diferencia de Adam Smith, Robinson cree que el sistema económico lo crean los procesos políticos.

Las grandes diferencias entre países ricos y pobres tienen que ver con la historia de cómo las instituciones de distintos puntos del mundo divergieron.

Robinson explica a que se debe la crisis actual de una forma sintética:
“Bueno, la crisis es muy heterogénea. La de España es distinta de la de EE UU. Incluso dentro de Europa, las crisis de Grecia o Irlanda son muy distintas entre sí. En el caso europeo, bajo la crisis está la decisión de Kohl y Mitterrand de impulsar una integración monetaria sin que fuera acompañada de una integración fiscal.

¿Por qué lo hicieron así? Bueno, su proyecto era sobre todo político, más que económico, y no consiguieron todo lo que querían. Pensaron que la integración económica era una forma de forzar la integración política. Y se podría decir que eso crea una situación insostenible.

Si tienes unión monetaria, pero con grandes diferencias entre países, y no hay armonización fiscal, eso crea una dinámica inestable.

A ello hay que sumar esa emisión de deuda sin precedentes, una acumulación de déficits en tiempos de paz y un cambio en la estructura demográfica. En la posguerra, los países europeos pusieron en marcha sistemas de pensiones, seguridad social, y no calcularon las consecuencias a largo plazo. Al envejecer la población, las bases financieras del sistema se desestabilizan. Como elevar los impuestos resulta difícil políticamente, los políticos eligen la salida fácil: emitir deuda”.

Soluciones a la crisis
El principal problema es el político y dentro de ello, la gestión de la deuda pública.

“Hay algo que no se está haciendo muy bien: hay que separar el problema de la deuda, que es un problema a largo plazo, de los problemas que se plantean a corto plazo. Llevará tiempo. Hay que reestructurar la deuda, como se está haciendo en Grecia. Tiene que ser aplazada en el tiempo. Si la UE muestra una solidaridad creíble y suficiente con España, el Gobierno podrá acceder al dinero a intereses muy bajos. Pagar la deuda puede llevar 30 años o 40, así que hay que aplazarla para utilizar la política fiscal para que la gente vuelva a trabajar y que la economía funcione.

Destaca también el poder que ejercen las “élites extractivas” en la política y en el conjunto de la sociedad.

“Las élites siempre se quieren perpetuar y mantener en el poder. En el libro utilizamos el concepto de instituciones políticas inclusivas en vez del de democracia porque lo cierto es que muchos sistemas democráticos son disfuncionales.

Para tener instituciones políticas inclusivas necesitas dos cosas: una amplia distribución del poder político y lo que llamamos centralización política. Parte de ello supone no tener un sentido patrimonial del Estado.”

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Esperanza en el futuro
Robinson cree que la reacción violenta contra la desigualdad surgirá aunque no puede predecir cuándo sucederá.

“Lo que la historia sugiere es que las cosas no continuarán como hasta ahora. Habrá una reacción violenta contra la desigualdad. Como la que hubo a finales del siglo XIX en Estados Unidos.

Existe un desequilibrio, pero creo que el sistema político volverá a colocar las cosas en su sitio con cambios en las instituciones del mercado laboral y en el sistema impositivo.

Al final, se subirán los impuestos a los más ricos para poder tener mejores escuelas, mejor sanidad, pagar la deuda…

“Tener tanta desigualdad es corrosivo para las instituciones y para la sociedad. Alguien tiene que pagar la deuda, ¿quién debería pagarla sino esa gente que se hizo enormemente rica en los últimos 20 años?”.

Alejandro Miralles
Redacción

Fuente: El País

Más información:
James A.Robinson estudió Economía y Ciencia Política en la London School of Economics, se doctoró en la Universidad de Yale (Estados Unidos), y su primer trabajo como profesor lo consiguió en la de Melbourne (Australia).Actualmente es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard.

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