Irlanda se recupera

Irlanda se recupera

Irlanda recupera su verdor.
Tras dos años de medidas radicales de austeridad, la economía irlandesa está viviendo un período de calma, sobre todo gracias a los nuevos ingresos que el Estado obtiene de las energías renovables y de los impuestos aplicados a las energías fósiles y a los residuos.

Irlanda está haciendo todo lo posible por dejar atrás los años de vacas flacas. Y el plan de rescate del Fondo Monetario Internacional, que inyectó 1.170 millones de dólares a las arcas del país hace unas semanas, no es el único responsable de la calma en las finanzas y del estado de ánimo de los orgullosos irlandeses: el Gobierno y la población también han aportado su grano de arena al apostar por una estrategia de crecimiento totalmente innovadora, basada en las energías renovables.

Según The Economist, el país que actualmente se está recuperando más en Europa, a pesar de estar en números rojos hace solo cuatro años, estaría en posición de restablecer su déficit por debajo del límite del 2% del PIB, gracias a un crecimiento que podría alcanzar la cifra “milagrosa” del 2%.

Para enderezar la economía y ahorrar en energía, el Gobierno decidió aplicar impuestos al uso de combustibles fósiles en los hogares, en las oficinas, en los automóviles y en las fábricas. Cuanto más dióxido de carbono emitan los irlandeses, más cara será su factura.

También lo notarán en su bolsillo los que se olviden de clasificar las basuras del hogar y contaminen (desde hace tres años, se verifican y se pesan sistemáticamente los residuos de los irlandeses).

Jugosos ingresos gracias a las emisiones
Se trata de una estrategia que se ha traducido automáticamente en un incremento del 5 al 10% en el coste del petróleo, del gas natural y del queroseno, con lo que los irlandeses se enfrentan ante un dilema: o siguen contaminando y dilapidan su patrimonio en impuestos, o bien optan por invertir la tendencia y apostar por la ecología.

Los irlandeses han elegido esta segunda opción y hoy, el país no sólo está saliendo de la crisis, sino que además registra un índice récord de penetración de las energías limpias, con un descenso en los niveles de emisiones desde 2008 del 15%.

De este porcentaje, el 6,7% se registró sólo en 2011, el año en el que se observaron los primeros signos de recuperación de la economía irlandesa.

Cabe destacar que tan sólo hace unos años, el país era uno de los malos alumnos de la Unión en materia de emisiones de gases de efecto invernadero por habitante, con niveles dignos de países famosos por no preocuparse mucho por el medio ambiente, como Estados Unidos. “No somos unos santos como los escandinavos”, confesaba al New York Times Eamon Ryan, ministro de Energía de 2007 a 2011, “y, de hecho, seguimos utilizando combustibles fósiles y comprando coches y casas cada vez más grandes, siguiendo la estela de los estadounidenses. Pero lentamente y poco a poco, estamos cambiando nuestros hábitos”.

Los partidos de la Isla Esmeralda no se opusieron a la aplicación del impuesto sobre las emisiones de carbono, con el que el Gobierno irlandés recaudó cerca de mil millones de euros en tres años, de los cuales 400 millones corresponden sólo al año 2012.

Y la población ha respondido invirtiendo en energías renovables y reciclando.

Actualmente, cualquier ciudadano irlandés que adquiera un vehículo nuevo debe pagar un impuesto según las emisiones contaminantes de su vehículo. Para hacer frente a estas medidas, el grupo Renault-Nissan firmó un acuerdo con Dublín y ESB (principal proveedor de electricidad en Irlanda) hace unas semanas para acelerar en el país el desarrollo de los vehículos eléctricos.

La basura se abalanza sobre un ciudadano
Si este giro ecológico se ha acogido de forma positiva, también es gracias a una campaña de sensibilización eficaz: “Tackle litter before it tackles you”[“Ocúpese de los residuos antes de que ellos se ocupen de usted”, NdlR], mediante un simpático anuncio en televisión en el que se muestra a un cubo de basura que se abalanza sobre aquel ciudadano que no respete el medio ambiente.

Según los datos publicados el año pasado durante la cumbre europea sobre los residuos de equipos eléctricos o electrónicos (DEEE), Irlanda se encuentra en el primer puesto de la eurozona en materia de recogida, con 9 kilos por habitante, seguida de Alemania con 8,2 kilos y Reino Unido con 7,5 kilos. Con sus 4,7 kilos por habitante, Italia cumple por los pelos el nivel mínimo impuesto por Bruselas, fijado en 4 kilos.

El plan de reactivación económica de Irlanda para 2013 prevé la aplicación de nuevos impuestos y nuevos recortes presupuestarios: una estrategia que, según los expertos, es positiva para el medio ambiente pero pone en aprietos a las clases sociales más pobres.

Por ello el Gobierno ha decidido también aplicar impuestos al consumo del tabaco, calificado de producto de lujo para los más pudientes.

Una cosa está clara: no se puede salir del atolladero sin disgustar a ciertos sectores de la población ni sin realizar sacrificios.

El Gobierno irlandés ha estimado que, por una vez, era positivo que estos sacrificios no se realizaran en detrimento del planeta.

VISTO DESDE DUBLÍN
El oro negro amenaza las promesas verdes

La nueva reputación verde de Irlanda puede quedar en entredicho por el anuncio del descubrimiento de inmensas reservas de petróleo en el mar Celta. Con el yacimiento de Barryroe en la costa de Cork, que se calcula que tiene unos 1.600 millones de barriles, se podrían generar miles de empleos e ingresos provenientes de impuestos. Además, las ciudades occidentales de Cork o Galway podrían transformarse en “mini versiones verdes de Dallas por la fiebre del oro negro”, afirma una de las columnistas estrella del Irish Independent, Kim Bielenberg. Así mismo, añade que:

Hasta ahora las críticas que se vertían hacia las prospecciones petrolíferas se concentraban en que era mucho ruido y pocas nueces. Pero ahora el sano escepticismo que se cernía sobre la industria da paso al optimismo puesto que un boom energético puede jugar un gran papel en nuestra recuperación económica.
Hay quien se queja de que el 25% con el que el Gobierno grava el petróleo es demasiado bajo y se pierden unos ingresos muy necesarios, pero también hay quien teme que se produzcan daños medioambientales en la zona. La columnista prosigue que:

Con el posible aumento de ingresos a través de impuestos sobre el petróleo, la escasa confianza en las importaciones de petróleo y los nuevos trabajos, puede que los beneficios de una nueva industria energética sean demasiado tentadores como para resistirse.

Sara Ficocelli
Fuente: La Repubblica-Presseurope

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