La revolución digital de vivir on line

La revolución digital de vivir on line

Las dos décadas que cambiaron la historia.
La evolución de las páginas sobre tecnología en La Nacion traza un mapa fidedigno de la revolución digital. Esta columna pronto cumplirá 20 años en el diario: arrancó en marzo de 1993 en el suplemento Ciencia. Tres años después, La Nacion redobló la apuesta y lanzamos el suplemento Informática. Era abril de 1996 y la Internet de acceso público tenía tan sólo seis meses en la Argentina. No existían Facebook, Google, las tablets ni el iPhone. No había banda ancha y una conexión telefónica mediocre y quebradiza costaba 300 dólares por mes; más de 400 dólares de hoy.

Pasadas casi dos décadas, el mundo se ha transformado de una manera inusitada. La tecnología digital está en todas partes. En tu reloj de pulsera, tu televisor y tu coche, en el microondas, los instrumentos musicales, los libros y el cine, en la búsqueda de pareja, amigos, empleo o pasajes de avión, en la manera en que construimos este diario cada día y en cómo nuestros lectores interactúan con sus periodistas favoritos.

La revolución digital impregna prácticamente todos nuestros actos cotidianos. Bastará un ejemplo revelador: llevamos en el bolsillo una computadora de 130 gramos que es 3000 veces más potente que la primera PC, que pesaba 20 kilos. La llamamos smartphone, es cierto, pero nos permite usar el correo, chatear con nuestros amigos, visitar la Web, sacar fotos, grabar videos con 6 veces más resolución que el VHS, enviar mensajes de texto y sirve como despertador, linterna y GPS. Caramba, no es el teléfono que conocí en mi infancia.

En todas partes, a toda hora
Como ocurrió con la imprenta de Gutenberg, la computadora personal e Internet fueron al principio muy resistidas. Hoy, en cambio, la economía, la industria y el comercio son incapaces de funcionar sin ambas, de la misma forma que en su momento fueron incapaces de hacerlo sin libros y sin mano de obra alfabetizada. Si el servicio de BlackBerry se cae durante unas pocas horas, la noticia sale en el diario. Se nos corta Internet y es como si se fuera la luz. Llevamos la oficina en la portátil. Y la publicidad de vía pública incluye tantas referencias a dispositivos digitales e Internet que hace 15 años hubiera resultado redondamente indescifrable.

Sí, el mundo es completamente diferente al de principios de los 90. Por entonces la tecnología estaba recluida en un gueto supuestamente extravagante y -me decían a menudo- se trataba de una moda excéntrica, esnob y pasajera. Lo mismo que Internet. “No va a durar”, auguraban.

Ocurrió todo lo contrario: existen ahora en el mundo unas 2000 millones de computadoras personales, más de 6000 millones de celulares, una tercera parte de los habitantes del planeta accede diariamente a Internet, Facebook contabiliza 900 millones de suscriptores, más de 650 millones de personas visitan por día la página de búsquedas de Google y en poco más de dos años Apple ha vendido más de 80 millones de iPad, esa computadora que llevamos debajo del brazo.

Las palabras hablan
Basta observar los nombres que adoptaron estas páginas durante los pasados 16 años. El primero fue Informática, algo distante para mi paladar, pero bien representativo del clima de la época.

Entonces ocurrió algo inesperado, pero inevitable: la computadora personal nos venía facilitando tanto las cosas que se terminó por ganar el cariño y la confianza de la gente, ocupó el centro de la escena y pasamos a llamarnos Mi PC; nuestros lectores habían hecho propia la revolución digital.

A medida que la miniaturización consiguió nuevos milagros y los precios continuaron bajando, a medida que las conexiones con Internet alcanzaron velocidades jamás vistas y se volvieron inalámbricas, la PC transmigró y nació una nueva generación de dispositivos, desde el reproductor de MP3 hasta la iPad. Indispensable pero ya no la única, la PC dio la bienvenida a sus numerosos avatares y el suplemento se convirtió en Tecnología.

Desde entonces, la informática se ha ido transformando en un estilo de vida, aunque ya no la llamemos así. Es, de hecho, el estilo de vida de la civilización contemporánea.

No porque sí tenemos un nuevo espacio, en el corazón del diario, nuevas miradas y nuevo nombre.

No porque sí ahora nos llamamos Vida Digital.

Ariel Torres
Fuente: La Nación

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