Nuevas iniciativas para impulsar el negocio de las librerías

Nuevas iniciativas para impulsar el negocio de las librerías

Nuevas ideas para defender la librerías.
Las librerias. Parece que somos pocos los que disfrutamos con acercarnos a estos locales en grave peligro de extinción.
En Barcelona, una ciudad con gran cultura literaria, hay 178 librerías, entre independientes y de grandes cadenas. Durante este año, a diferencia de otros, la gran mayoría permanecieron abiertas en agosto a la espera de clientes deseosos de llevarse un ejemplar a la playa.

Pero si alguien está convencido de que las librerías desaparecerán ese es José Batlló, fundador de la librería Taifa, una de las más conocidas y tradicionales del barrio de Gràcia. Está seguro de que dentro de cinco años no quedará una sola.

Pero lo cierto es que José Batlló no es de las personas que se resignan. Aun con la situación actual, él resiste y busca soluciones. Ha abierto su librería a presentaciones y charlas, ha abierto una pequeña sección infantil y otra dedicada únicamente al cine.

Lo que nunca permitiría es que a su librería entren best sellers o libros de Paulo Cohelo o César Vidal. Y podría ir más lejos, evitando los de Punset, Murakami o Savater, pero sabe que la situación es difícil y debe ceder en ciertos casos.

Y es cierto, aunque de vez en cuando aparece una librería cuando menos te lo esperas. Como es el caso de Pequod Llibres, una librería que nació apenas hace un año, y con la que está cayendo. Pero parece que a sus dueños eso no los detiene en su empeño por vender libros.

Tal vez este optimismo se deba a que, como dice Consuelo Gallego, una de sus fundadoras, la librería la abrieron pensando más como lectores que como libreros. Ellos estuvieron del otro lado del mostrador hasta que fundaron Pequod. “Tal vez por eso los clientes se sienten identificados con ella. Es la librería que queríamos encontrar en una callecita perdida cuando nosotros mismos éramos solo clientes”, asegura.

Así pues, el ánimo, la confianza y la energía no decae para que las librerías, ya sean tradicionales, modernas o especializadas continúen su camino por más sinuoso que sea. Todos utilizan las armas que han adquirido con la experiencia, el impulso o la inteligencia. Todos saben que una librería no es el mejor negocio para crear riqueza propia, o quizá sí. Veo de nuevo la página de Amazon y me doy cuenta de que están forrados. Entonces tal vez el problema no sea su idealismo, sino nosotros, los lectores, llenos de cómodas pantallas que nos hacen olvidar que a unos pasos hay un lugar donde se respiran letras y se venden ilusiones.

Laura Daponte
Redacción

 

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