Los medallistas de bronce que superaron sus expectativas son más felices que los medallistas de plata

Los medallistas de bronce que superaron sus expectativas son más felices que los medallistas de plata

Los ganadores de bronces, más satisfechos que lo de platas.
El acervo popular asegura que los medallistas de bronce son más felices que los que logran la plata porque mientras que estos se comparan con el ganador, los terceros se consuelan comparándose con el cuarto, que no obtuvo metal. Este razonamiento se corroboró gracias a los resultados de un estudio de 1995 en el que los investigadores mostraron el rostro de los deportistas que quedaron segundos y terceros en las olimpiadas de Barcelona 1992: el bronce, paradójicamente, era más feliz que la plata.

¿Es cierto? ¿Cómo funciona este mecanismo? Una investigación reciente ha sido capaz de desentrañar las auténticas complejidades de esta teoría, cuyos resultados van más allá de un simple “mejor bronce que nada”.

La élite olímpica refleja después de cada prueba en sus caras que la felicidad se basa en buena medida en las expectativas que cada uno se crea, según el análisis realizado por investigadores de las universidades de Boulder y Berkeley que publica la revista Journal of Experimental Social Psychology y recoge la publicación Materia.

Los aficionados a la gimnasia pudieron asistir el pasado 7 de agosto a un episodio que ilustra a la perfección cómo funciona el mecanismo del que hablan estas investigaciones de psicología deportiva. La china Lu Sui lloraba desconsolada con su plata en la barra de equilibrio mientras la estadounidense Alexandra Raissman lucía encantada su bronce. Las lágrimas de Sui no eran por envidia de la ganadora y la sonrisa de Raissman van más allá del alivio de haber alcanzado el podio.

En el estudio de 1995 de Victoria Medvec, los investigadores mostraron grabaciones de los medallistas de plata y bronce a un grupo de estudiantes que no supieran nada de deportes tras finalizar su prueba, durante las entrevistas posteriores y subidos en el podio. Sin conocer su posición, el grupo puntuó el grado de felicidad de los atletas. El resultado: los terceros aparentaban ser sensiblemente más felices que los segundos.

La decepción es peor si se tienen grandes espectativas
El caso de la china Sui muestra, en cambio, que las cosas no son tan sencillas y cumple punto por punto con los resultados del trabajo de Boulder y Berkeley. Sui venía de ganar el oro en la prueba de barra de equilibrio en los Mundiales de Tokio del año pasado y esperaba alzarse también al escalón más alto de Londres. La decepción con respecto a su expectativa fue demasiado grande. Esa caída -que se produjo en su cabeza- de tan solo un escalón, del primero al segundo, fue como despeñarse por un precipicio para esta joven de 20 años.

“Los medallistas de plata están eufóricos excepto cuando esperan el oro. Los medallistas de bronce están contentos salvo cuando sus expectativas eran más altas”, concluyen en el estudio.

Es más, un observador ajeno “incluso cree que los medallistas de bronce que superaron sus expectativas son más felices que los medallistas de plata que simplemente estuvieron a la altura de sus expectativas”.

El problema de Sui se agravaba por el hecho de que todos sus esfuerzos y esperanzas se concentraban en ese aparato, la barra, después de que China fracasara en la actuación como equipo. Precisamente por culpa de la caída de la barra de una compañera, Linlin Deng, China se quedó fuera del podio. Deng, paradójicamente, fue la ganadora del oro por delante de Sui en este aparato.

Sin embargo, la norteamericana Raissman llegó a esa prueba tras ganar el oro con su equipo y aún le esperaba la posibilidad de ganar el oro en su entorno favorito, la prueba de suelo. Además, la puntuación de los jueces la situaron originalmente en cuarta posición: sólo alcanzó el bronce tras una reclamación exitosa. La expectativa real de quedar cuarta se transformó en alegría por el bronce, y no solo el llamado pensamiento contrafactual: “Al menos?”.

Los investigadores quisieron ir más allá de los resultados de 1995. Para ello, reprodujeron los test de Medvec pero incluyendo las reacciones del primero y el cuarto de cada prueba. La puntuación obtenida por platas y bronces resultó ser bastante pareja. Además, se incluyó en el estudio un examen de aptitud verbal en la que se recompensaba a los participantes según sus resultados. Aunque la diferencia era mínima (7, 3, 2 y 0dólares), la decepción de los que quedaban segundos era manifiesta si se les había hecho creer que ganarían y la alegría de los que ganaban 2 dólares aumentaba si previamente pensaban que no ganarían nada.

“Los resultados demuestran los poderosos efectos de las expectativas sobre la felicidad humana. Los deportistas olímpicos también son seres humanos, con expectativas acerca de cuál será su rendimiento más probable.

Comparan lo que logran con lo que se esperaban, y estas comparaciones pueden hacer sentir mejor a quienes obtienen resultados inferiores que a los que logran resultados superiores”, resumen los autores.

Javier Salas
Fuente: El Economista

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