Jóvenes en busca de nuevos horizontes

Jóvenes en busca de nuevos horizontes

GERMANY-WEATHER-FEATURE-TOURISTSAustralia, América Latina y Asia: Nuevos emigrantes, nuevos horizontes.
Son cada vez más los jóvenes que, en busca de fortuna, eligen destinos alternativos a Estados Unidos, como Australia, América Latina y Asia. Parece ser que el “American Dream” haya perdido su atractivo, dejando sitio a nuevas destinos. Y no solo para quien llega desde el Viejo Continente.

También los jóvenes americanos redescubren el deseo de irse a vivir al extranjero para ponerse en juego y cambiar de horizontes. Interpretaciones nuevas de un fenómeno antiguo, el de la curiosidad hacia lo ajeno, en el entorno de los últimos acontecimientos político-económicos.

Del American Dream al gran escape
American Wave, el instituto estadounidense que analiza los flujos migratorios de los jóvenes americanos que tienen la intención de dejar su país de origen, llama la atención (con una pizca de preocupación) acerca de un hecho inédito: en 2011, alrededor del 2,5% de la población residente en Estados Unidos decidió marcharse de manera definitiva al otro lado del Océano, frente al 0,8% de 2009.

Fueron sobre todo jóvenes de entre 25 y 34 años los que sintieron esta necesidad imprevista de irse a vivir a otro lugar y ponerse en juego en otro contexto, quizás más estimulante. “Simplemente, tengo la intención de irme a vivir fuera”. Ésta es la respuesta más común por parte de las personas entrevistadas, una declaración que no deja mucho espacio para más interpretaciones. Bob Adams, administrador delegado de American Wave, invita a un examen de conciencia y se pregunta si este repentino deseo de partir no sea acaso debido al cambio de una nación que, en vez de las famosas oportunidades de antes, ofrece a sus jóvenes una montaña de deudas y una economía en estado de dificultad.

Europa, nuevas metas y nuevos puertos
Mientras América se da cuenta de que no está preparada para este nuevo fenómeno, el Viejo Continente, históricamente región de salida, sigue registrando un incremento de la movilidad internacional. Es un dato que no sorprende, vistos los recientes sucesos políticos y el estado de inercia ya confirmada de muchos de los países que se asoman al Mediterráneo. Aun así, los jóvenes europeos parecen querer revolucionar el mismo concepto de “partida”, convirtiendo la crisis en un incentivo para reinventarse y pensando en Europa como una zona franca donde poder moverse libremente y experimentar.

La Alemania de Angela Merkel sigue siendo el tradicional punto de llegada para desempleados del sur europeo. Y si Lituania es el país con el mayor porcentaje de emigración juvenil, los flujos de emigración desde España y Grecia no se han parado nunca. Igual que en el caso de Italia, donde, curiosamente, la región con mayor porcentaje de abandono por parte de titulados universitarios es una del norte, Liguria, definida por el Istat (Instituto Nacional de Estadística italiano) como la región italiana con menor capacidad de retenimiento.

No es en absoluto raro que los jóvenes europeos elijan establecer su hogar en otro continente ni que en lugar de los destinos tradicionales de emigración prefieran nuevos destinos. Es por ejemplo el caso de los portugueses que se van marchando a las ex colonias de Brasil y Angola, generando la mayor ola migratoria desde 1960, o de los jóvenes turcos de segunda generación que desde el año pasado abandonan el territorio alemán para volver a Turquía, el nuevo “tigre asiático” después de la crisis de 2009.

La crisis, ¿condena o recurso?
A pesar de las preocupaciones de American Wave, a pesar de los desoladores análisis estadísticos y de los catastróficos censos de emigrantes, parece llegado el momento de revisar el mismo concepto de “confín” y enfrentarse a un estereotipo difícil de superar. Empezando con la retórica alrededor de la fuga de cerebros, blanco de una inteligente parodia de la revista italiana Internazionale, que ha apuntado contra las ideas preconcebidas que ven en la partida solo un síntoma de derrota.

Los jóvenes europeos parecen vivir Europa de manera totalmente diferente con respeto a la generación anterior. Y a pesar de la crisis, el paro, los impuestos, hay quien elige cruzar la frontera aunque sea solo por la curiosidad de vivir en otro país. O porque, inesperadamente, se ha identificado con la cultura de una geografía diferente a la del sitio donde se ha criado.

Motor de una nueva partida, a menudo es la curiosidad de medirse con otra parte de sí mismo, esa parte que sale fuera solo en una dimensión de alteridad.Europa, e incluso América, deberían recordarlo siempre, empezando desde este nuevo año y trabajar no para un retorno forzoso de quien se ha ido fuera sino para establecer una provechosa y cosmopolita dinámica de intercambio.

Valeria Nicoletti
Publicado en: Presseurop

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