Armenia y su revolución pacífica

Armenia y su revolución pacífica

“No creíamos que el cambio fuera posible, pero todos queríamos que ocurriera” explica en un café en Yereván Taguhi Ghazarian, participante en las protestas que llevaron al fin de la época de Serge Sargsián. Tras un decenio en el poder, Serge Sargsián, del Partido Republicano, se preparaba para seguir en el cargo, después de haber impulsado cambios en la Constitución que le garantizaran la permanencia en el poder. “Durante años, el Partido Republicano nos ha convertido poco a poco a todos en marginales, ha gobernado sin la gente. Pero cuando conviertes en marginal a toda la población de un país, al final el marginal eres tú mismo”, prosigue la activista, que recuerda el punto de inflexión desencadenado por la revolución, tanto en su vida, como en todo el país.

En un momento de auge de los dirigentes autócratas en Europa, como Viktor Orbán en Hungría o Jaroslaw Kaczynski en Polonia, y de movimientos nacionalistas y xenófobos en todo el continente, el éxito de la pacífica revolución en Armenia ha devuelto la confianza en la democracia no solo a los armenios, sino también fuera del país. Taguhi empezó formando parte del movimiento ¡Rechaza a Serge! y sigue estando entre los que trabajan por el cambio. Asegura que el movimiento apunta a un cambio radical en Armenia y que ha sido único en su generación, dado que sienten haber recuperado no solo la política, sino el país.

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