La tecnología calmada. Entrevista con Amber Case

La tecnología calmada. Entrevista con Amber Case

“Colgamos detalles de nuestra vida permitiendo que nos juzguen”.

Amber Case, antropóloga, estudia cómo nos afecta la tecnología.
Tengo 32 años. Vivo entre Portland, con mi pareja, y Boston, donde convivo con 10 personas. Soy miembro del Centro Berkman Klein para Internet de la Universidad de Harvard e investigadora del MIT Centro de Medios Cívicos. Si trabajamos a favor del medio ambiente todos ganamos. Soy taoísta

Su padre era inventor, tuvo internet y móvil antes que nadie. A los 13 años ya gestionaba una página web. La llaman la ciberantropóloga porque investiga las relaciones entre los seres humanos y la tecnología. En su charla TEDx, que se hizo viral, aboga por la tecnología calmada: la creación de un tipo de tecnología que “nos permita ser felices, que evite que estemos enfadados y que no requiera nuestra atención si no es necesario”, y defiende que sólo así podremos volver a conectar con nosotros mismos. Es autora de Calm technology, design for the next generation of devices. Inauguró el programa “Rescatadores de talento”, que siguió a la entrega de los premios de la Fundación Princesa de Girona 2018.

¿Del homo sapiens al homo connectus?

Sí, el humano ha establecido una relación de dependencia con la tecnología que ha alterado no sólo nuestra convivencia, también la relación con el entorno y la propia realidad.

Conexión inmediata en el bolsillo.

Si imprimiésemos todo lo que llevamos encima arrastraríamos unos 500 kilos de papel.

Las redes controlan nuestra memoria, empatía y comunicación.

Reducimos nuestra vida a imágenes que se pueden colgar en la red, y continuamente nos están interrumpiendo.Nuestra atención se ha vuelto parcial, nunca estamos presentes, por tanto no tenemos tiempo de reflexión.

Todo es veloz.

Las fotos las hacemos y colgamos sin pensar, con voracidad. Cuando la comunicación es tan instantánea tiene menos sentido. Vivimos pendientes de Facebook, pero dígame si se acuerda qué vio o qué colgó el año pasado. Nos acordamos de lo vivido, de los momentos humanos.

Pero cuando estamos conectados nos parece que eso es humano: nos emocionamos…

Ya, pero no es real. Las cosas que tienen sentido dan más trabajo que recibir me gusta por una imagen seleccionada de ti mismo.

¿Y por qué lo permitimos?

Somos adictos al móvil porque creemos que en él está todo. De hecho, el móvil es una de las cosas más valiosas de nuestra vida, la más necesaria, lo miramos nada más levantarnos, lo cuidamos y recargamos la batería a diario.

Cierto.

Es necesario desarrollar otro tipo de interacciones que reduzcan el número de alertas que recibimos a diario. Yo abogo por una tecnología más calmada, y creo que tendemos a eso.

A la gente la atropellan por la calle porque van mirando el móvil.

Esa dependencia es un signo de infelicidad, deberíamos ser capaces de desconectarnos al menos una hora al día. El cerebro sufre con la conexión constante. Necesitamos más tiempo humano.

Esa era la promesa de la tecnología.

Sí, que nos dejaría más tiempo para nosotros, pero la realidad es que vivimos dentro de una red inmensa muy centralizada, invadida de notificaciones y publicidad encubierta. Necesitamos redes sociales más saludables y mientras no sea así debemos protegernos.

¿Protegernos?

Sí, no solo nuestra privacidad, también debemos controlar la ingente entrada de mensajes en lugar de ser controlados por ellos. Poner de vez en cuando el móvil en modo avión, desactivar las notificaciones y no consultar la red continuamente.

Es de sentido común.

Pero es dificilísimo de hacer porque el sentido común y las emociones no casan bien, y las compañías que controlan las redes sociales viven de orquestar nuestras emociones. Se necesita mucho autocontrol para desconectar del trato virtual con gente que aparenta ser estupenda y quedar con un amigo de carne y hueso.

Hay movimientos que intentan ayudar a controlar la dependencia tecnológica.

Sí, te dan herramientas para volver a recuperar tu tiempo. Yo lo uso, tengo un programa que cuando quiero entrar en Facebook me muestra una frase inspiradora.

¿Y ya no entra?

No. Y tengo desconectado el aviso de entrada de correo; cuando quiero consultarlo voy y lo veo. Es una manera de proteger tu atención, es decir: atender a lo que tú decides atender.

¿A qué grado hemos llegado si ya no somos dueños de nuestra atención?

El porcentaje de gente que debido a la tecnología duermen menos horas de las debidas, tienen las emocione a flor de piel, se pelean en las redes sociales y se sienten ofendidos y dolidos, no deja de crecer.

El móvil se ha convertido en algo muy ­íntimo.

Dormimos junto a él, al despertar es lo primero que miramos, antes incluso que a la pareja. Lo utilizamos como sustituto de los tiempos de descanso, de manera que no desconectamos y nuestro cerebro cada vez retiene menos información.

¿Y todo eso a cambio de me gusta?

Debemos diseñar una vida que nos de más tiempo para lo humano. Necesitamos aburrirnos, porque son en esos momentos en los que reflexionamos y somos más creativos. Sin espacio ni tiempo no hay creatividad posible y la gente sufre de ansiedad y depresión.

Lo dicen los estudios.

Estar en línea todo el rato nos hace sentir que no somos adecuados ni suficientemente importantes. Las redes están llenas de gente que hace cosas increíbles, y eso acentúa nuestra falta de autoestima.

Colgamos los detalles de nuestra vida y permitimos que nos juzguen.

Es triste eso.

Hay que volver a los básicos, a los objetos que duran y la tecnología calmada, basta de actualizaciones de software continuas. Nos urge conectar con nosotros mismos.

La gente confunde estar conectado con estar acompañado, y les sienta bien.

La red es una herramienta fantástica que te conecta con el mundo, pero hay que preguntarse si esas conexiones te hacen feliz. La red virtual no puede sustituir a la red social.

Ima Sanchís
Publicado en La Vanguardia

  Categories:
Escribe uncomentario

0 Comentarios

Todavíano hay comentarios

Puedes ser el primero en comenzar una conversación.

Añadir un comentario

Tus datos estarán seguros Tu email no será publicado. Además, no se compartirán los datos con terceras personas.
Todos los campos son obligatorios.