El Periodismo, un bien esencial para la democracia

El Periodismo, un bien esencial para la democracia

Construir un nuevo periodismo.
Ha llovido mucho desde que en la Guerra de Secesión (1861-1865) los reporteros debían hacer verdaderos esfuerzos por conseguir información del conflicto y enviársela luego a sus redacciones vía telégrafo. Y aún más lejos en el tiempo aquel primer periódico conocido como Acta Diurna que el emperador Julio Cesar ordenaba colocar en el “Foro Romano”.

Ahora en esta era digital el periodismo se enfrenta a nuevos retos donde confluyen el texto y lo audiovisual.

Pero no es solo cuestión del soporte sino el modo de entender un modelo que precisa cambios profundos “antes un periódico era dinero, estatus y arrogancia, y la arrogancia es lo que nos ha quedado”, asegura Joris Luyendijk, periodista holandés y autor del The Banking Blog en The Guardian.

Recientemente con motivo del Hay Festival de Segovia, Luyendijk y Vicente Jiménez, director adjunto de El País, hablaron sobre las claves del sector. Una profesión tan esencial para la democracia que bien merece ser revalorizada a través de distintas fórmulas.

Jiménez se lamentó de la inoperancia de los altos cargos por hacer sostenibles las empresas periodísticas olvidando así que la información es educación. En esta línea Luyendijk mostró su desconfianza ante los medios públicos, casi siempre politizados.

En cuanto a la financiación Luyendijk reivindica las donaciones al igual que grandes ONG como Greenpeace o las de las elecciones norteamericanas:

“¿Podría yo atraer a gente que quiere mejorar la opinión pública? (…) imaginemos que los profesores españoles no están contentos con la información sobre educación; imaginemos que un grupo de periodistas quiere mejorarla con un presupuesto de 100.000 euros para un año (entrevistas, soportes, salarios…)”.

Mientras que el director adjunto del diario del Grupo Prisa se decanta por empresas con una estructura sólida como firme alternativa contrapoder “La independencia, que no es otra cosa que tener capacidad de decidir libremente, cuesta dinero. Los débiles son más vulnerables, necesitamos encontrar un modelo industrial”.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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