Martes 16 de Enero del 2018
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La tarea pendiente es que Catalunya no sólo se autogobierne sino que cogobierne España. Entrevista a José Fernández Albertos


“Vivimos demasiado bien como para arriesgarlo por una causa”

Entrevista a José Fernández Albertos, politólogo investigador del CSIC; doctor en Harvard.
Tengo 42 años: ya asumo que no todo es posible ni fácil. Nací en Alcalá de Henares y he vivido en Barcelona. Las soluciones para Catalunya van a tardar, pero el ambiente mejora rápidamente. Catalu­nya debe autogobernarse, pero también encontrar complicidades periféricas y cogobernar España

No sin la otra mitad
Nadie sabe quién ganará estas elecciones, pero la única victoria real para todos los catalanes sería un liderazgo capaz de superar nuestra división en dos bloques con objetivos y proyectos comunes que movilizaran también al menos a una parte de la mitad contraria.

Fernández Albertos apunta que esa victoria podría ser la solución si consiguiera, además, implicar a los líderes catalanes en el cogobierno y la modernización de España.

Y es que un Estado federal no sólo hace posible el autogobierno de sus territorios, sino que también obliga a sus gobernantes a participar en el cogobierno federal de todos. En España no se ha hecho y los líderes catalanes tampoco muestran interés en que se haga.


¿Como politólogo ve algo bueno en lo vivido estas semanas entre Catalunya y España?

La prosperidad y estabilidad de un país se mide en las crisis, y las sociedades ricas, democráticas y complejas cuentan con muchos frenos para evitar que una situación se degrade…

¿Y nos hemos comportado estos meses como uno de esos países avanzados?

Yo diría que sí, porque en un país pobre y con grandes desigualdades, incluso con menos tensión, habría habido tiros y muertes y caos.

Antaño también aquí nosotros nos liábamos a cañonazos por causas políticas.

Pero hoy ya tenemos demasiado que perder. En sociedades prósperas como la nuestra nadie quiere cruzar la línea roja de la violencia, por eso el independentismo ha hecho de la no violencia una seña de identidad que le ha granjeado el apoyo de casi la mitad de los catalanes.

Pero el Estado ordenó porrazos el 1-O y prisiones incondicionales después.

Era previsible que, una vez demostrada la incapacidad del Gobierno del PP para gestionar la situación haciendo política, el Estado iba a actuar así. Era previsible y más para quienes tanto sostenían que España era irreformable e incapaz de gestionar la pluralidad y la diversidad.

¿El Gobierno les dio la razón?

Pues no tanto, porque la verdad es que, visto desde Madrid y, considerando el runrún mediático y partidista dominante, me sorprendió que Rajoy ofreciera a Puigdemont la alternativa fácil de desactivar el 155 diciendo que no aplicaba la DUI y convocando elecciones.

¿Le sorprendió que no la aprovechara?

Resultó sorprendente, pero menos si pensamos que no sólo era una partida entre Govern y Gobierno, sino entre múltiples actores, que se jugaban la hegemonía en el independentismo.

¿Dónde estamos ahora?

Ya se han visualizado los costes económicos y sociales de acelerar el proceso independentista y la mayoría se empieza a alejar de esos procedimientos. Por eso, se rebaja la tensión.

¿Los conflictos identitarios –como el vasco o el irlandés– se acaban por agotamiento?

Es obvio que hay cansancio en todos los actores y quienes se cansan tal vez puedan acabar pidiendo responsabilidades a sus líderes.

¿Habrá ganadores y perdedores?

Catalunya está dividida en dos mitades, pero lo que es seguro es que así las dos pierden y perderán hasta que surja un ganador, que será quien empiece a contar con parte del bloque opuesto.

Las encuestas no parece que reflejen un voto de castigo al independentismo.

Pero, digan lo que digan las urnas, el independentismo ya ha comprobado los límites de sus últimas estrategias. La solución tardará en llegar si llega, pero el ambiente mejorará rápidamente. De hecho, ya está mejorando.

La herida está abierta y si algún día se cierra, quedará una cicatriz muy gorda.

Pasará un largo periodo sin progresos antes de que podamos mejorar en el asunto de fondo, pero no hay otra vía que reconocer a Catalunya y garantizar su autogobierno sin que el resto de las comunidades se sientan ofendidas.

¿Y entre catalanes?

Hay que ir convenciendo de que cualquier solución no lo es si tiene la oposición permanente de la mitad de los catalanes.

¿Alguna sugerencia?

Objetivos sociales y económicos comunes que puedan movilizar a los dos bloques.

¿Contra el paro, por mejores salarios, mejor sanidad, educación…?

Eso es precisamente lo que puede superar la política de bloques que divide a los catalanes.

El soberanismo lo intento también con argumentos económicos.

El soberanismo quiso trascender sus límites electorales prometiendo mejoras precisamente en esos objetivos que movilizan no sólo a los catalanes de pura cepa. Pero al llegar a los planteamientos de “España nos roba”, perdió el apoyo internacional. Los demás países habrían apoyado a una Catalunya que, por ejemplo, no pudiera hablar en catalán, pero el “España nos roba” se ve insolidario.

¿Qué propone para reacomodar a Catalunya en España?

Catalunya no ha sabido o no ha querido encontrar alianzas contra el centralismo en la periferia española, pero hay recorrido para una agenda compartida entre diversas comunidades que permitiera consolidar autogobiernos. Eso sólo ayudaría con el segundo problema…

¿Cuál es el primero?

El federalismo es que cada territorio tenga autogobierno, y en eso hemos avanzado, pero también que los políticos de cada territorio participen en el cogobierno federal del estado.

Eso en España no se ha hecho.

Los políticos de Catalunya, la quinta, casi cuarta parte de España, no participan en su gobierno.Es una anomalía que nos perjudica a todos.

Supongo que se refiere a algo más que colocar algún ministro catalán.

Me refiero a muchas estructuras. Ningún político español puede hacer carrera hoy si no pasa por aparatos de partido centrados en Madrid.

Eso no debería ser obligatorio.

Pero también el catalanismo ha preferido ser hegemónico en Catalunya a cogobernar España. Y por eso se la percibe más preocupada por modernizarse que por modernizarnos. La tarea pendiente es que Catalunya no sólo se autogobierne sino que cogobierne España.

Lluis Amiguet
Publicado en: La Vanguardia

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