Domingo 17 de Diciembre del 2017
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El gigante chino y el pequeño occidente. Jorge Dobner


El juego de la geopolítica se mueve más rápido que nunca, donde algunos avezados manejan con agilidad sus cartas mientras otros parecen paralizados por quién las enseña. En este juego la capacidad de acción y astucia se convierte en indispensable sino quieren salirse del tablero. Sin embargo son más los que no se están adaptando a los nuevos tiempos y reinvención constante, su querencia por el viejo orden se vuelve una debilidad flagrante.

Inmersos como estamos en una fricción estructural, cuando estos años se perciben decisivos y los expertos así lo indican (2020 como año de inflexión), no se puede dar por segura la perdurabilidad de cualquier sistema tan susceptible a los ritmos cíclicos. Así lo vimos en la Gran Recesión del 2008 con un sistema capitalista malherido aún en vías de reponerse frente a la necesidad de una transformación sostenible.

En esta dicotomía de lo viejo y nuevo, conservadurismo y progreso, vemos a una Europa anquilosa en lo primero  viviendo de antiguos y exitosos réditos. El gran proyecto de una UE fuerte es el eterno ideal, pero los hechos nos indican un presente más ocupado en los problemas domésticos de cada país que una ambición conjunta.

La elección en Francia de  Emmanuel Macron promete ilusiones recobradas pero aún está por ver el compromiso de las potencias para remar sin egoísmos en una misma dirección.

Si bien se atisban algunos brotes verdes, en líneas generales occidente se empequeñece en una suerte de autoboicot. Mientras el mundo exige una mayor apertura, EE.UU de la mano de Donald Trump se encierra en la hipótesis de un proteccionismo “salvador”. De la misma forma en Latinoamérica se complican con luchas de poder y corrupción acrecentada por líderes dudosos; llámese Venezuela y  Brasil en caso mayor, o  Colombia y México en menor medida.

En una situación muy diferente se encuentra China con una economía a velocidad de crucero (7.2 PIB anual, superior al 2.6 por ciento de la economía global). Con razón su presidente Xi Jinping anunciaba recientemente la llegada de una nueva era, donde China se encuentra “en el centro del mundo”.

En esta línea algunos observadores internacionales confirman que ante el proteccionismo de Washington, China tiene grandes posibilidades de reemplazar a EE.UU como líder de la globalización mundial.

Lo más destacable es que lejos de caer en la autocomplacencia el gigante chino anuncia que va a reestructurar su industria para alcanzar el prestigio comercial de países como Alemania, EE.UU o Japón. Hasta ahora la competitiva exportación china se basaba en la cantidad y variedad pero el gobierno viene trabajando desde hace un tiempo por otra  era de calidad y eficiencia en la producción.

Precisamente la remodelación del Comité Permanente viene a perseguir estos objetivos de éxito. Su habilidad radica en un planteamiento contemporizado a largo plazo con las ideas muy claras en su consecución acompañado de una clase dirigente con una sólida formación.

Un grupo compacto de políticos con experiencia en el país y contrastada trayectoria (la mayoría superan los 60 años). Las comparaciones son odiosas con buena parte de la dirigencia mediocre e incluso grotesca que tenemos en occidente.

Incluso en el tema del cambio climático China está dispuesto a enmendarlo también liderando en materia medioambiental. El país más contaminante del mundo está tomando las riendas de la situación para convertir este problema en una oportunidad de crecimiento sostenible.

Para el 2020 prevé la inversión de más de 360.000 millones de dólares en proyectos de energía renovable, lo que incluye cerrar muchas centrales térmicas de carbón.

Su buque insignia en la producción de energía nacional limpia es el proyecto del Cinturón y de la Ruta de la Seda que favorecerá esta transición de energías no sostenibles a sostenibles.  Asimismo este compromiso se extiende a la adquisición del 40% de los bonos verdes internacionales en 2016.

Con mano de hierro internamente y cara amable en sus relaciones exteriores, no hay que negar que China todavía tiene un mayor reto de democratización social. Sin embargo, y en vista de los esfuerzos de transformación, no solo es posible que este país se sitúe en el centro del tablero de juego sino que sirva de ejemplo en muchas materias a los países pregoneros del “Estado de bienestar”.

Hay un proverbio chino que dice “Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos” ya es tiempo que occidente se haga grande y convierta en realidad sus ideales.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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