Jueves 23 de Noviembre del 2017
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Los abusos del turismo. Miquel Puig


Las razones de la turismofobia.
Los brotes de violencia contra el turismo son censurables porque la justicia no puede ser administrada por los particulares y porque el uso de la violencia es y debe ser un monopolio de las autoridades. Lo contrario es renunciar a la civilización para caer en la ley de la selva.

Ahora bien, que esas manifestaciones sean censurables no significa ni que sean irracionales, ni que sean una fabricación de grupos políticos hostiles al progreso o al mercado, y presentarlas como tales constituye un engaño no menos censurable.

Las manifestaciones de turismofobia no van contra el turismo, sino contra los abusos del turismo, porque este, como cualquier actividad humana, tiene costes, y negarlos es negar la evidencia.

Recordemos que en la última encuesta entre la población de Barcelona, el impacto del turismo se ha convertido en su principal causa de preocupación.

Tiene costes y, por supuesto, beneficios. Sin embargo, lo que no es tan obvio es que nuestro modelo turístico es increíblemente ineficiente en la parte de los beneficios, y eso es lo que muchas personas que sufren los costes comienzan a percibir.

El mito de que nuestro modelo turístico crea prosperidad generalizada y que gracias a él nuestro desempleo no es mayor, constituye una falsedad muy repetida, pero falsedad al fin y al cabo. Falsedad que se pone de manifiesto, por ejemplo, comprobando que Baleares tiene una renta per cápita sustancialmente inferior a la de la provincia de Lleida (concretamente, un 18%) y que, además, la tasa de desempleo es mayor en las islas que en la Terra Ferma (5 puntos de promedio en los últimos nueve años). Incluso en la temporada turísticamente alta, la tasa de desempleo es mayor en Baleares que en Lleida (2,5 puntos promedio en los últimos nueve años).

Por otra parte, no hay evidencia de que la renta per cápita de la Barcelona postolímpica haya crecido más rápidamente que la de Zaragoza; de hecho, todo parece indicar lo contrario. Ahora bien, si el turismo postolímpico no ha traído prosperidad a los barceloneses, ¿qué de bueno les han traído?

Es obvio que los turistas gastan dinero y crean empleos, pero nuestro modelo no sabe convertir ese dinero en prosperidad y esos empleos en niveles de empleo decente. No se trata de una maldición bíblica, porque hay modelos turísticos al norte de los Pirineos que sí que lo hacen.

En conclusión, las manifestaciones de turismofobia deben movilizar a nuestras autoridades en dos direcciones, ambas necesarias. La primera es represiva, y debe dirigirse contra la turismofobia y contra los turistas que abusan de sus vecinos.

La segunda es replantear el modelo turístico para que cree prosperidad (que, sin duda, puede crearla) y para distribuirla de manera decente.

Hoy por hoy, el turismo sólo beneficia a los propietarios de inmuebles, y todo el mundo debería enten-der que eso no es ni acepta-ble ni sostenible.

Miquel Puig
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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