Jueves 23 de Noviembre del 2017
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El significado de la victoria de Pedro Sánchez. Manuel Castells


La regeneración del PSOE.
El significado de la victoria de Pedro Sánchez en el congreso del PSOE va más allá de su decisivo impacto en el pano­rama político español. Demuestra que en un mundo de redes y de autonomía ciudadana, los aparatos de partido, y sus altavoces mediáticos, no son todopoderosos. Demuestra que otro modelo de partido es posible. Que los militantes cuentan. Que no son rebaño que se lleva a pastar cuando dicen los estatutos. Que las primarias han llegado para quedarse.

Por más que intelectuales inorgánicos desfasados de la nueva historia se desgañiten en calificar de populismo y asambleísmo todo lo que no se adecue a las viejas formas en las que todo estaba atado en los partidos y bien atado a las élites financieras, mediáticas y esta­tales.

Como el movimiento se demuestra andando, la posibilidad de un PSOE anclado en la izquierda, como ha proclamado Sánchez ante el entusiasmo de miles de militantes, ha desmentido a los cínicos y comentaristas interesados que aplaudieron la más increíble conspiración antidemocrática de la política española reciente.

Los mismos que alentaron desde fuera y dentro del partido la abstención que permitió gobernar a Rajoy al frente del partido más corrupto de Europa, según documentó por orden alfabético la diputada Irene Montero en su brillante defensa de la moción de censura.

Es así como la onda de indignación y esperanza que surgió del 15-M ha llegado también al histórico PSOE, según atestiguó su reelegido secretario general. Y es que la decadencia de la socialdemocracia no es una necesidad. Depende de que siga manteniendo valores socialistas, adaptándolos a la nueva sociedad. En lugar de una supeditación pragmática a la hegemonía neoliberal.

Pues bien, lo que observamos en Europa es que Corbyn, de quien todos los bienpensantes se reían por izquierdista trasnochado, ha relanzado un movimiento de izquierda de jóvenes y trabajadores que ha hecho perder la mayoría absoluta a los conservadores y ha situado al laborismo ante la posibilidad real de una victoria con un programa de izquierda. Porque Corbyn no se arredra. Tras el criminal incendio de la torre Grenfell en Londres, ha hecho un llamamiento a la requisición de viviendas vacías especulativas en el elegante barrio de Kensington, donde estaba la torre, llegando incluso a proponer la ocupación de estas viviendas si el Gobierno no ayuda a los damnificados. Palabras acogidas con entusiasmo por miles de jóvenes que ahora se interesan en la política.

Por contraste, el legendario Pasok griego desapareció tras su maridaje con los conservadores durante la crisis, el socialismo holandés, también escorado a la derecha, acaba de sufrir una hecatombe, y las políticas neoliberales de Hollande, pilotadas por Macron, han jibarizado al PS francés, que ha pasado del todo a la nada en una elección.

En cambio, Portugal prospera, en lo económico y lo social, con una alianza de izquierda dirigida por los socialistas, mientras que en España el PSOE, con amplio apoyo de militancia y electorado socialista, pone sus esperanzas en políticas claramente progresistas en ruptura con las políticas económicas regresivas que inició Zapatero y que han continuado apoyando los líderes históricos del PSOE.

Ahora bien, a diferencia del Reino Unido, una parte sustancial del espacio de izquierda en España está ya ocupado por los herederos directos del 15-M: Podemos y sus confluencias. Y la cuestión catalana, transversal a toda la política, complica extraordinariamente el juego de alianzas posibles. Aquí es donde Pedro Sánchez, cuya prioridad es desalojar al PP del Gobierno, necesitará hilar muy fino.

No hay vuelta posible al bipartidismo, sencillamente porque tanto PP como PSOE son minoría entre los menores de 50 años. Lo que está consiguiendo Sánchez es recuperar algo del voto joven (más de la abstención que de Podemos) y movilizar a los mayores que estaban alicaídos por la pusilanimidad del PSOE con Rajoy. Pero la perspectiva estratégica formulada por Sánchez en el congreso es problemática, porque es demasiado dependiente de la aritmética parlamentaria. Parece seguir buscando la imposible alianza a tres con Podemos y Ciudadanos, algo que estos dos partidos no se pueden permitir porque sus electores no lo aceptarían.

Ciudadanos es un partido de derecha neoliberal y nacionalista esencialista español, al que Podemos tiene que oponerse so pena de traicionar sus principios.

Otra cuestión es que probablemente Podemos se equivocó no absteniéndose tácticamente en marzo del 2016 para desbancar a Rajoy.

Pero en cualquier caso nunca hubieran podido compartir gobierno o incluso apoyo parlamentario. No es una cuestión de vetos, sino de coherencia con los programas y con lo que se promete. La nueva política es la que exige que los mangoneos de poder no estén por encima de las opciones políticas. Lo que importa es el cambio en la sociedad del que depende el Parlamento.

Pero Sánchez tiene razón en buscar acuerdos puntuales con unos y otros para acabar con la hegemonía del PP, en cuestiones tales como la reforma laboral, la ley mordaza o la corrupción. Pero una alianza estratégica a largo plazo para una política de izquierda pasa por una fórmula a la portu­guesa.

Ni el PSOE solo puede hacer esa política ni tampoco Podemos y sus confluencias. Tienen que converger. Pero además está la cuestión central de Catalu­nya. No hay escapatoria. El 80% de los catalanes quieren decidir. Y el 53% quieren votar en el referéndum aunque se declare ilegal. Y no habrá vuelta atrás, porque es un movimiento social, no una estrategia política. Podemos es coherente: sí al referéndum y respeto a su resultado. Si el nuevo PSOE/PSC quiere encontrar una vía independiente del irredento nacionalismo español, tendrá que desmarcarse de PP y Ciudadanos y hacer su propia negociación. Ahí veremos la capacidad de liderazgo de Sánchez, en quien tantas esperanzas están hoy depositadas.

Manuel Castells
Publicado en: La Vanguardia

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