Jueves 27 de Julio del 2017
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Querido mundo. Jorge Dobner


Querido Mundo, planeta Tierra:
Me permito llamarte de tú, no por osadía sino por la proximidad en la que te siento como humilde habitante desde hace unos cuantos años en tu seno. Aunque sólo sea por edad y experiencia – que dicen es un grado – soy testigo de la importante evolución que has vivido durante este tiempo. Lo saben bien los de mi generación a quienes nos resuena un discurso más pausado y menos alarmista. Hemos librado mil batallas y de todas hemos salido.
Durante el siglo XX ya se alertó de un ciclo histórico convulso, dos guerras mundiales que por suerte no vi, y una guerra fría que sí me es cercana…pero también grandes cambios y progresos de toda índole, que pese a los temores, nos han llevado hasta donde hoy estamos ¡y no es poco!

Los predicamentos del fin del mundo se quedaron en pronósticos fallidos año tras año, mientras que tú seguías girando, dando vida y esperanza de un mañana mejor.

Como explica el futurólogo americano Raymond Kurzwel, también científico y empresario, en esos 20 primeros años del s. XX se dieron más avances que en toda la centuria anterior, algo que en proporción de ratio de progreso llevará al presente s. XXI a producir cambios sólo comparables a 20.000 años.

Por todo, una de mis últimas tareas – de momento y en línea a mi profesión– es alzar la voz y divulgar un relato más benévolo de la realidad que nos atañe, con problemas cómo no – y aun así menos que antaño – pero con soluciones que proliferan cada día y permiten creer y crear un mundo abundante.

No se trata de la búsqueda epicúrea del placer para así huir del dolor, ni el nihilismo positivo en el método nietzscheano que niega el propio sentido y valor porque “Dios ha muerto”. No hablamos de un idealismo utópico sino de un optimismo racional que da argumentos para seguir adelante.
A ti Mundo, parece que te negaban la existencia como ente vivo y orgánico, quizás considerándote un objeto externo y ajeno cuando la realidad es que tu futuro va íntimamente ligado al muestro. Por suerte, y a pesar de la postura reaccionaria de Trump en EE.UU, el resto de estados firmantes del acuerdo histórico de París siguen adelante para librarte de un calentamiento desencadenado.

También los líderes en este caso espirituales como el Papa Francisco I y su encíclica ‘Ludato si” se contagian de esta nueva conciencia medioambiental y quieren inspirar a otros para cuidarte como “casa común” que eres. Bergoglio habla de “Soluciones” políticas y negociadas, para resolver los problemas presentes que afectan social y éticamente a todos como es la crisis de los refugiados.

Podríamos definir este tiempo como una época de cambios profundos, y en consecuencia fricciones para adaptarse al nuevo contexto. Aún en transición estamos dejando atrás una última crisis, pero conviene repasar algunos hitos que nos hacen afrontar con valentía los desafíos futuros.
Los informes de las Naciones Unidas evidencian desde 1990 un enorme desarrollo de la mayoría de países, avanzando en materias como la educación, esperanza de vida e ingresos.
Y si bien la desigualdad crece dentro de los países, que no entre países, por primera vez en la historia el número de habitantes que viven en la extrema pobreza ha caído por debajo del 10 %, al igual que el hambre se sitúa en el nivel más bajo en un cuarto de siglo.

Es lógico pensar en la necesidad de avanzar todavía más, sin embargo la recién publicada medición del progreso social global muestra una mejoría de los 63,19 puntos (sobre 100) que tenía en 2014 a los 64,85 de 2017. Pequeño avance, pero mejora al fin y al cabo. Una tendencia positiva alimentada por algunas variables como el acceso a telecomunicaciones y la educación superior.

También los avances científicos y médicos están prolongando y mejorando nuestra calidad de vida. Según cifras de la OMS la mortalidad infantil se reduce a la mitad desde 1990, así como las muertes ocasionadas por malaria desde el año 2000 y en similares proporciones las víctimas mortales del VIH- SIDA.

Ni que decir de los avances tecnológicos que nos permiten una sociedad más conectada e informada. Los de mi generación sólo podíamos imaginar a través de los libros un mundo, red de redes, que difumina las fronteras físicas y permite la comunicación instantánea de un lado al otro del globo terráqueo.
De acuerdo a las evidencias quizás los más interesados en infundir el miedo sean aquellos que escudándose en la seguridad de esquemas rígidos temen la evolución, capacidad de raciocinio y empoderamiento de la gente.

Y si bien no es facíl, en países como España, Canadá o Francia está sucediendo un cambio generacional de jóvenes políticos que en principio quieren renovar la política con los valores de esta nueva era; la transparencia, modernización de estructuras, conciencia ecológica…Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Justin Trudeau o Emmanuel Macron son algunos de estos nombres propios.

Pero aún muchos en la batalla retórica tienden a fijarse en el punto negro en vez de la luz que hay en su alrededor. Es por eso que se necesitan más intelectuales que ganen en la parcela del discurso, para contrastar la visión más negativa y alentar a aquellos que son palanca de progreso.

Precisamente en el último libro del escritor canadiense Steven Pinker habla de “Los ángeles que llevamos dentro” en una época que es la menos violenta, más pacífica y consciente en relación a
cualquier momento de la historia. Ángeles como el joven español Ignacio Echevarría que nos hacen creer en la divinidad del ser humano y tener la certeza de que tú, mundo, lates más fuerte que nunca.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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