Viernes 18 de Agosto del 2017
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Pedro Sánchez vs. el poderío y la casta. Enric Juliana


enric julianaPoderío y escisión.
Por primera vez desde 1974, el grupo dirigente del Partido Socialista Obrero Español tiene miedo. Este es un dato importante. En aquellos años finales del franquismo podían ser detenidos por la policía política, pero sabían que el trato iba a ser benévolo, aunque sus publicaciones fuesen mucho más radicales que las del prudente Partido Comunista. El futuro no estaba escrito, pero los aparatos de la dictadura intuían lo que venía.

Los dirigentes elegidos en el congreso de Suresnes no tenían miedo. Su misión consistía en interpretar correctamente la partitura de la historia. El viento de Europa soplaba a su favor y Felipe González, el político español con más talento en los últimos cuarenta años, supo ser el Von Karajan de los ochenta. La sociedad les esperaba. Después del intento de golpe de estado del 23-F, los jóvenes les aclamaban. El 28 de octubre del 1982 fue un gran acontecimiento. Pero ahora tienen miedo. Tienen miedo, porque no está claro que el viento de Europa siga soplando a su favor.

El grupo dirigente del PSOE tiene miedo a morir. Tiene miedo de que una oleada desconocida y difícil de descifrar les pase definitivamente por encima.

El acto ayer en Madrid de apoyo a la candidatura de Susana Díaz a la secretaría general del PSOE es fruto de ese temor. Conscientes de que el partido se enfrenta a un congreso decisivo, la nomenclatura socialista ha decidido cerrar filas alrededor de la única candidata dispuesta a darlo todo en el combate frontal. Todos con Susana. Felipe González y Alfonso Guerra. José Luis Rodríguez Zapatero y José Bono. Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón.

Sólo faltaban Joaquín Almunia, que apoya a Patxi López, y Josep Borrell, que fiel a su espíritu de contradicción sigue al lado de Pedro Sánchez. Muchos de los enfrentamientos del pasado se diluyen en beneficio de una candidata que dice ser PSOE al 100%. Una cacofonía de Felipe González. Una mujer briosa, dotada de una notable inteligencia natural, que desde los diecisiete años se dedica a la política profesional. No ha trabajado en otra cosa. Un liderazgo rudo y vertical. La socialista que más gusta en el barrio de Salamanca de Madrid.

La candidata más grata a los votantes del Partido Popular (eso dicen las encuestas). Nadie como Susana pronuncia hoy con más gracia la palabra España. Poderío y casta.

Casi todos los que se han peleado en los últimos veinte años están con Susana. El mensaje a la militancia es claro y diáfano. La derrota de Susana Díaz sería la derrota de los nombres principales que han tejido el PSOE desde 1977. La derrota de Díaz sería la derrota de la familia. Y eso es importante, porque el Partido Socialista Obrero Español es un partido familiar. La militancia y el amor al partido se transmite de padres a hijos –sin ese factor no se entiende el resurgimiento a partir de 1975– y la organización se concibe a sí mismo como una familia. Una familia siempre peleada, pero una familia al final del día. Recordemos el latiguillo de los años ochenta en la prensa española: la familia socialista.

El segundo mensaje del oficialismo es que Pedro Sánchez no pertenece a la familia. Pedro Sánchez no es PSOE cien por cien. Es un cuerpo extraño. Un aventurero. Un populista (esta es la última acusación).

Sánchez tiene consigo el enfado de la militancia, que es descomunal, y el apoyo potencial de casi dos de cada tres votantes. Sánchez es un hombre humillado que no tiene nada que perder. Absolutamente nada que perder.

Si consigue más del 35% de apoyo en las primarias dispondrá de un capital político muy importante. Será el líder de una izquierda socialista con capacidad de vuelo propio. El fantasma de la escisión merodea el PSOE. El oficialismo se la juega.

Enric Juliana
Publicado en: La Vanguardia

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