Lunes 01 de Mayo del 2017
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La serenidad no se vende en farmacias. Anton Layunta


anton-layunta-emo-viles-pel-benestar-educacion-emocionalLa permanente necesidad de modernizar nuestro estilo de vida consumista nos hace ir dejando olvidadas facultades naturales que nuestro cuerpo trae gratuitamente incorporadas de origen y sus favorecedoras funciones ancestrales nos vemos forzados a obtenerlas mediante la adquisición de soluciones artificiales que alguien manufactura, distribuye y les pone precio.

Aunque la mayoría de nosotros ya no lo recuerde, cuando tan sólo éramos bebes nuestro vientre marcaba un ritmo de respiración profundamente confiado, sereno. Era la respiración natural que traíamos de origen, la serenidad que nunca deberíamos olvidar.
Al abandonar la infancia y entrar en la adolescencia, creencias, ideales y comportamientos propios o impuestos por la influencia de padres, profesores, entorno cultural y económico, pero sobre todo por la propia Sociedad, todo ello forma una sinergia amenazadora que nos infunde miedos y tensiones que atentan contra nuestra serenidad y con el paso del tiempo consiguen finalmente hacernos variar el natural ritmo de la respiración primigenia.

Esta variación substancialmente consiste en que pasamos a respirar desde el pecho en vez de hacerlo desde el vientre como lo hacíamos de forma natural y serena al nacer. Este aparentemente pequeño cambio en nuestra respiración nos comporta síntomas negativos como son contracción muscular, fatiga física y propensión a la ansiedad.
La respiración abdominal es la forma natural de respirar, la que traíamos de origen al nacer. Si visualizásemos su función mecánica sería como si el aire que pausadamente inspiramos fuera directamente al estómago en vez de a los pulmones, estimulando de esta forma la actividad del diafragma, oxigenando órganos vitales como el corazón y el hígado, aumentando nivel de oxigeno en sangre, resultando finalmente todo ello muy efectivo para detener y disipar un cuadro de ansiedad común.

Entre las metodologías más básicas de la Educación Emocional está la de aprender a utilizar adecuadamente la respiración. El modo más sencillo, efectivo y natural de proteger el cuerpo y la mente, de autogenerar un efecto de serenidad relajante utilizando simplemente la respiración.

El simple acto de respirar, realizado explícitamente, resulta ser la perfecta ceremonia que propicia el reencuentro entre el consciente y el inconsciente.
Vivimos en un país de Europa dramáticamente instalado en el liderazgo continental del consumo de ansiolíticos y con el índice de suicidios que le corresponde a ese liderazgo. Somos el colectivo europeo más apreciado por las empresas farmacéuticas mundiales.
Los últimos datos oficiales disponibles son del año 2015 y la fuente el Ministerio de Sanidad español.
En ellos se constata que en menos de una década, del año 2005 al 2013, se multiplico por dos el consumo de ansiolíticos entre la juventud.
En el 2005 sólo un 5,1% de jóvenes de entre 15 y 34 años había utilizado este tipo de fármacos alguna vez. En el año 2013 ya había llegado al 12,3%. Más del doble.
Y el porcentaje de jóvenes que lo utilizó una sola vez al mes, en el 2005 fue de un 2,7%, mientras que en el 2015 se había doblado la cifra hasta el 5,6%.
Y entre los adultos no fue nada mejor. En aquellos mismos ocho años su índice de consumo de ansiolíticos también se disparó alarmantemente.

Los ciudadanos de entre 15 y 64 años que alguna vez en su vida habían consumido estos fármacos, en el 2005 representaban ya un dramático 7% de esta franja de población, mientras que en el 2013 se doblo la cifra hasta el alarmante 20,1%.
Y en el 2005 sólo un 2,7% de este mismo colectivo lo había consumido una vez al mes, mientras que en el 2013, como en los casos anteriores, se duplico el consumo hasta el 7,7%.

Es fácil deducir que si los ciudadanos supieran algo tan sencillo y a la vez tan básico como utilizar la respiración en su favor, si todos ellos hubieran sido educados en el conocimiento de sus emociones y en las metodologías para optimizarlas, quizás en nuestro país el consumo de fármacos ansiolíticos, como mínimo, estaría en la media europea.

La Educación Emocional nos proporciona herramientas y recursos para capacitarnos para la vida haciéndonos emocionalmente inteligentes, potenciando nuestro desarrollo integral y el bienestar personal y social.

El objetivo final de la Educación Emocional es potenciar el desarrollo emocional de las personas para que puedan ser más felices y convivir mejor con ellos mismos y con los demás, creando entre todos un mundo más compasivo, alegre, satisfecho, justo, libre, respetuoso, armonioso, comprensivo, sostenible y sobre todo más feliz.

¿Cómo no se habla abiertamente de todo esto en los medios de comunicación? ¿Por qué la Educación Emocional no está ya acompañando en las aulas a la Educación Cognitiva? ¿Por qué las multinacionales farmacéuticas no financian la difusión de la necesaria Educación Emocional? ¿Por qué los partidos políticos no incluyen esta propuesta en sus programas electorales? ¿Por qué los envases de los fármacos ansiolíticos no llevan advertencias en su exterior como en el caso del tabaco?

Mientas llegan las respuestas, inspiramos lentamente… retenemos el aire unos instantes… y lo expiramos muy poco a poco.
Sencillo, natural y no se vende en farmacias.

Anton Layunta
Escritor

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