Sábado 16 de Diciembre del 2017
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El último héroe, el documental que dirige Kusturica sobre la vida de Pepe Mujica


Kusturica encontró en Uruguay a quien considera El último héroe.
El director de Underground terminó de filmar un documental sobre la vida de Pepe Mujica, el ex presidente uruguayo, a quien considera un ejemplo que despierta admiración.

“En Pepe veo un impulso muy poderoso, incontrolable, algo increíblemente vivo”, responde el reconocido cineasta serbio Emir Kusturica cuando se le pregunta por el protagonista de su próxima película, el ex presidente uruguayo José Mujica.

El director y guionista está sentado sobre un tronco frente a la famosa chacra donde el ex mandatario y actual senador vive junto a su esposa, Lucía Topolansky, en las afueras de Montevideo, y es el fin de una jornada del final del rodaje, celebrado en las últimas semanas, de la película El último héroe, que dirige Kusturica y que combina documental y ficción sobre la vida del uruguayo.

Mujica riega las plantas dentro de la finca y va poniendo fin al intenso día, en el que posar ante las cámaras no le impidió atender a su ritual diario de comunión con la tierra: trabajó con el tractor y en los invernaderos, participó en una plantación con niños y tuvo momentos para la tertulia. Kusturica lo observa.

¿Qué ha unido a estos dos hombres? Para el cineasta, el ejemplo del uruguayo, el de un presidente que llevó una vida austera y a quien “despidieron como a una estrella de rock” (a pesar de que despertó pasiones tanto de admiración como de rechazo en su país), merecía ser contado.

Para el político, ex tupamaro y cuyas reflexiones filosóficas recorrieron el mundo, protagonizar una película, a sus 81 años, servirá para difundir su mensaje y para dar una mayor visibilidad a Uruguay en el exterior.

Orador pero no actor y, a pesar de las barreras del idioma (Mujica no habla inglés ni Kusturica español, se comunican con traductora), el ex presidente -del que dicen que no se deja dar órdenes- se muestra dócil cuando el cineasta le da indicaciones.
El director, aclamado internacionalmente por filmes como Underground (Palma de Oro en Cannes) o Gato Negro, gato blanco, dice que entre ellos hubo una simpatía personal desde el principio. “Si no la tenés de alguien de quien estás haciendo una película, no vas a hacer nada. Pepe nos dejó seguirlo a todos lados, hasta al levantarse de la cama”, dice el cineasta.

Cuando le propusieron hacer la película, preguntó quién era Mujica. “Fui a Internet, vi su revolución y luego a él en el tractor, al Presidente en el tractor (tres años atrás), y dije que sí. Con él comparto un similar sentido instintivo de solidaridad y una misma visión de organización social relacionada con el socialismo”, apunta. Pero la idea de hacer este largometraje -de cuya realización y producción se encarga Kramer&Sigman Films (Relatos Salvajes, El clan)- no fue suya, sino de los uruguayos Julián Kanarek, Marcelo Carrasco y Andrés Copelmayer, ex funcionarios del gobierno cuando Mujica era mandatario y quienes se encargaron de hilar y propiciar el encuentro afectivo entre el político y el cineasta.

Cámaras en Pando

Es mediados de diciembre y el equipo de producción de la película espera ahora la llegada de Mujica a Pando. Esta localidad situada a 30 kilómetros de Montevideo, que ahora parece dormida, fue tomada en 1969 por el movimiento tupamaro en un levantamiento del que Mujica formó parte.

Kusturica y los técnicos estudian el terreno en busca de locaciones y caminan hacia una sucursal del Banco de la República. Mujica se baja de un auto con gafas oscuras, guayabera celeste y jeans holgados, saluda al cineasta, se echa las manos a la cintura (gesto que repite constantemente) y comenta que él no participó en la toma del banco. Lucía, de rosa y también con gafas de sol, lo mira desde la vereda de enfrente y cuenta anécdotas de aquellos años. Luego pregunta a dónde van cuando Emir avanza veloz con su compañero.

Pepe indica que es en Antel (antes UTE-central de electricidad y comunicaciones), donde tomó partido cortando el suministro eléctrico en la toma del lugar. Ante las cámaras, explica que para ellos era fundamental controlar este edificio, aunque no contaron con un detalle: los vecinos empezaron a llegar para reclamar por el corte del servicio y tuvieron que tomarlos como rehenes.

Tras grabar esta escena, Kusturica pide filmar a una murga en la plaza. Llegan a la comisaría y Mujica dice que sabe lo que tiene que decir ante la cámara. Está parado frente a la sede policial y habla, antes de que un joven en bicicleta le grite: “Grande, Pepe, ¿cómo andás?”, a lo que éste responde, fiel a su ironía: “No tan bien como vos”, y sigue el rodaje. En una hora, a Mujica lo frenan por la calle en más de cinco ocasiones para saludarlo, sacarse fotos con él o pedirle algo. Él abraza o da suaves palmaditas en la espalda o rostro a quienes se le acercan.

“Pepe, campeón; Pepe, campeón”, corean ahora varios chicos en la plaza. Él cruza la calle, extiende los brazos como queriendo acoger al grupo entero y posa para la foto con ellos, que antes jugaban a la pelota. “Están contentos los cebollitas porque ganaron el partido”, dice Lucía al otro lado de la calle mientras Kusturica está atento a que las cámaras capten la escena.

“Yo siempre fui feliz, porque viví de acuerdo al loco que tenía dentro”, dice Mujica ahora en la toma del cementerio, donde reflexiona: “La historia nos hizo propietaristas y egoístas y a veces nos creemos que tenemos tierra, pero, en la evolución del universo, ella nos tiene a nosotros.

No dentro de mucho tiempo estaremos todos bajo tierra, al igual que todos estos monumentos de mármol (de tumbas y panteones)”.
Antes de dejar Pando, el equipo hace una última parada por una escena que llama la atención del director: un hombre está parado inmóvil frente a una estatua del poeta Alfredo Zitarrosa. Cuando se le pregunta por qué hace esto, el hombre responde: “Las instituciones, la religión, la política, el mundo empresarial, los sindicatos y el mundo artístico son unos hipócritas y yo me harté, hacen cosas que atentan contra mi alma y yo me paro junto a Zitarrosa, el poeta más delicado de nuestra tierra, porque él le cantaba a la belleza espiritual”.

Al día siguiente del rodaje en Pando, el equipo acude temprano a la chacra de Mujica, que lleva de nombre Puebla y a la que mucha gente acude para hablar con él. Los pájaros coronan la entrada sobre los postes de la luz y se ve a algunos perros: Mujica suele recoger de la calle a los que están heridos. La estructura de la casa es sencilla, con techo de chapa y columnas de hormigón. Hay un banco de jardín de hierro tapizado con tapas de gaseosa recicladas y unas sillas donde el ex presidente toma mate mientras la ropa se seca en los tendales. Kusturica, con gesto de niño travieso, acaricia a algunos de los perros en esta finca por la que también deambulan gallos y gallinas.

“En 20 años, la gente va a peregrinar para visitar esta chacra”, vaticina Marcelo Carrasco, uno de los ideólogos de la película. Tanto él como Julián Kanarek y Andrés Copelmayer piensan que el ejemplo de Mujica posee la “grandeza” como para ser inmortalizado en un largometraje de estas características.

“Lo que planteamos fue mostrar al ser humano y sus peripecias, incluyendo sus miserias; no queríamos hacer ningún panegírico ni idealización, ni lo que ya está reflejado, esto de guerrillero a presidente, nos parecía más valioso transmitir su mensaje que reivindica el tiempo libre, el disfrute, el vivir con pasión, el preguntarse qué es ser feliz. De Mujica sorprende el cómo alguien que sufrió encerrado en calabozos, sin ver personas y tomando su propio orín durante años, reivindica esa experiencia como algo que le cambió la vida. Relativiza algo que no sé si es rioplantense, pero sí uruguayo, que es la queja permanente, y ahí es contracultural. Kusturica mostrará a Pepe en su intimidad, lo hizo actuar, repetir las escenas, y eso es por un cariño mutuo que se dio entre ellos”, señala Copelmayer.

El último héroe, que Kusturica espera presentar el próximo invierno en el Festival de Venecia, incluirá imágenes del encuentro de Mujica con Obama en Washington, en Bolivia con Evo Morales, recibiendo al Rey de España en su chacra o con Mauricio Rosencof repasando el libro Memorias del calabozo.

“Hay cosas que aparecerán en la película que no se dijeron antes”, añade Andrés.

(Las cámaras captaron también a Mujica al volante de su viejo escarabajo azul o cuidando sus flores, un negocio “al que mató el dengue y las flores artificiales; ahora solo se venden para las coronas, morirse sigue siendo rentable”, dice el ex presidente mientras toma mate en la caseta de seguridad frente a su casa. De jogging y en chancletas, con un brillo que habla en sus ojos, reflexiona sobre cuestiones como el fracaso de las repúblicas o el origen de la democracia en la antigua Grecia. “Ponían todos esos baleros a funcionar y lo bien que se organizaban”, comenta. También manifiesta su amor por los asados, por los cultivos no adulterados y por el tango. Bromea con que “comenzó a ser ateo porque Dios permitió que se muriera Troilo” y cuenta que en uno de sus encuentros con Cristina Fernández de Kirchner, ésta le regaló un acordeón, un instrumento “imposible” -a pesar de que él toca el piano-, al que no pudo dominar.)

Mujica, el tango, el Río de la Plata… A Kusturica no se le escapan estos datos, los procesa y con ello graba una de las últimas tomas del rodaje. “Lo quiero hacer bailar”, dijo el serbio.

Cecilia Martínez
Publicado en: La Nación

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