Lunes 01 de Mayo del 2017
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Manos Unidas. Pozos de agua que cambian vidas


Hoy por suerte el 90 % de la población mundial tiene acceso al agua potable y el 64% a instalaciones de saneamiento público, tadalafil según un informe por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).  Con especial relevancia en Asia y África, incluso la tradicional brecha entre los habitantes del campo y de las ciudades respecto al acceso al saneamiento se está reduciendo.

Sin embargo todavía queda camino por recorrer para conseguir que el agua potable sea un derecho en todos los hogares. En esa dirección está trabajando desde hace tiempo la ONG Manos Unidas desarrollando una importante labor de campo.

Con apenas 39.000 la ONG ha instalado 6 pozos en Zambia que suministran agua potable en aldeas donde antes tenían que recorren largas distancias.

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“Por las noches, en la época de sequía, teníamos que ir a hacer cola a la charca de agua blanca y estábamos horas para conseguir tan solo un poco de agua sucia” explica Margaret Mkandawire, a quien la construcción de un pozo en su aldea, le ha cambiado la vida.

Margaret es vecina de una de las aldeas de Lundazi, meseta en la que escasean las lluvias y donde los arroyos y los pozos superficiales, permanecen secos algunos meses del año. Como ella, las mujeres y los niños de la zona se han visto obligados a recorrer andando largas distancias y a esperar grandes colas para conseguir agua.

La falta de agua repercute además no sólo en el consumo personal sino además en las actividades principales de la zona que son la agricultura de subsistencia y se practica con medios muy rudimentarios, y la cría de animales.

Consciente de la urgencia del problema, el párroco de Lundazi, responsable del proyecto, solicitó el apoyo de Manos Unidas para construir seis pozos en las localidades más necesitadas. La población ha participado activamente en el proyecto: una vez que el jefe tradicional de la zona donó las tierras a las comunidades, los beneficiarios limpiaron y prepararon el terreno, además de colaborar en el vallado y en el transporte de materiales.

Gracias a estos seis pozos, la vida ha cambiado para Margaret y para cerca de 22.000 personas de la zona: “Ahora tengo más tiempo para estar con mi familia y con mi marido, y la relación es mucho mejor”, asegura, mientras bombea el agua limpia. “Los niños pueden llegar a tiempo a la escuela porque se ahorran tener que recorrer el camino hasta la charca para buscar agua”.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

Fuente original: Manos Unidas 

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