Viernes 20 de Octubre del 2017
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Viviendas asequibles para personas sin hogar


Como consecuencia de la crisis económica son muchas las personas que atraviesan situaciones complicadas y que encuentran serias dificultades a la hora de adquirir una vivienda. Ello ha motivado el surgimiento de organizaciones que luchan y trabajan cada día para que estas personas puedan disponer de un lugar en el que vivir.

Este es el caso de las viviendas que el Instituto de Vivienda de Bajos Ingresos ha construido en colaboración con la administración en lugares como Olympia (Washington), generic Muncie (Indiana), viagra Palm Beach (Florida), Portland (Maine) o Capitol Hill (Seattle).

Se trata de complejos de casas pequeñas hechas con materiales reciclados y respetuosos con el medio ambiente que disponen de electricidad.

En el centro de los complejos hay un edificio provisto de baños con agua caliente y una cocina abastecida a través de bancos de alimentos y bienes adquiridos mediante cupones descuento.

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En Portland este proyecto se inició en el año 2000 como un movimiento de protesta y terminó con lo que es hoy, un pueblo que acoge a personas como Lisa Larson, una mujer que se quedó en la calle tras escapar de un marido que la maltrataba y que no disponía de recursos para adquirir una vivienda propia.

Desde hace seis años reside en Dignity Village, donde paga 35 dólares mensuales por una vivienda digna. Un lugar en el que ha hallado “un sentimiento verdadero de orgullo, un sentido comunitario que no se encuentra en ningún otro lugar”.

A ello contribuyen los cinco principios que rigen la convivencia de los residentes: está prohibida la violencia y cualquier tipo de comportamiento inadecuado, así como las drogas y los robos, y cada habitante se compromete a dedicar 10 horas semanales de mantenimiento del pueblo.

En Seattle viven Jessica Gudor y Scott Marsh, una pareja que se había visto obligada a vivir separada pagando una cantidad de dinero que no podían permitirse. Ahora pueden criar juntos a su hija y aprender un oficio que les permita ser completamente independientes.

“Pensamos que sería increíble criar a una hija que es feliz y que crece rodeada de gente que la quiere y que se quiere- un hogar feliz. Ninguno de los dos sabemos lo que es eso” declara Scott, que por fin puede pasar tiempo con su bebé y trabajar como carpintero para ganarse la vida.

Casos como los de Jessica, Scott y Lisa ponen de manifiesto la importancia de seguir invirtiendo en proyectos como este. Al fin y al cabo, no se trata de construir viviendas, se trata de construir vidas y de garantizar que personas sin recursos puedan tener un lugar al que llamar hogar.

Elena Chozas
Redacción

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