Miercoles 24 de Mayo del 2017
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Los países con mejores sistemas sanitarios de América Latina


Modelos sanitarios distintos e incluso contrapuestos han obtenido muy buenos resultados en países de América Latina, stomach garantizando bajos niveles de mortalidad y altos registros de esperanza de vida, informa Infobae.

Los principales indicadores sobre los que se apoyan los estudios para determinar la eficiencia de los distintos modelos sanitarios son básicamente la esperanza de vida de la población, la mortalidad infantil, el gasto en salud como porcentaje del PIB y el número de camas hospitalarias.

La esperanza de vida de la población de un país es un indicador insoslayable para evaluar la eficiencia del sistema sanitario, pues en un estado con deficientes infraestructuras sanitarias es muy difícil gozar de muchos años de vida.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Chile es el país con una esperanza de vida mayor en América Latina con una media de 80 años, seguido de Colombia, Costa Rica y Cuba, con un promedio de 79 años. Haití es el país en peores condiciones en cuanto a años de vida, con una media de 62 años, 18 menos que Chile, lo que manifiesta la desigualdad entre países de la misma región.

La mortalidad infantil es otro eficiente indicador de los sistemas de salud de un país al revelar la penetración del mismo en la sociedad. En regiones con dificultades para acceder a centros sanitarios son muchas las mujeres que dan a luz sin asistencia médica con la consecuente peligrosidad para la vida del bebé (y de las madres).

En términos de mortalidad infantil Cuba es el país mejor situado según la OMS, pues la probabilidad de morir antes de los 5 años es sólo de 6 de cada 1.000 nacidos vivos, seguido de Chile, con 8, y Costa Rica, con 10. Nuevamente las estadísticas sitúan a Haití en la peor posición con 73 muertes por cada 1.000 nacidos.

Resulta interesante que Cuba y Chile sean los países con menor mortalidad infantil ya que representan dos modelos de sociedad completamente opuestos, pues mientras que Cuba no goza de libertad ni de democracia Chile es uno de los países más libres y democráticos con una economía de mercado muy consolidada. Esto evidencia que no existe un único modelo que garantice una buena salud de la sociedad, sino que el éxito de los modelos sanitarios se puede obtener mediante caminos y estrategias diversas siempre y cuando existan instituciones eficientes y rigurosas con su trabajo.

Según Ursula Giedion, analista en políticas de salud, “el resultado de un sistema de salud no depende tanto de su arquitectura, sino de otras variables”, y añade “hay que mirar a Europa, donde hay diferentes modelos, pero a todos les va muy bien”.

Considerar el gasto en salud pública como un porcentaje del PIB también puede elucidar la eficiencia de un sistema sanitario, aunque no necesariamente los países que invierten más son los que obtienen mejores resultados.

En este sentido Costa Rica y Cuba están a la cabeza destinando cerca del 10% del PIB a la sanidad, según la OMS, con lo que se encuentra una correlación entre la inversión en salud y los resultados. Sin embargo, en Brasil y Paraguay, que destinan el 8,9%, esto no se cumple.

Haití es seguramente el caso más representativo de que la inversión en sanidad no siempre garantiza los mejores indicadores de salud, pues el país invierte más de su producto que Chile y presenta la esperanza de vida más baja de América Latina. Efectivamente, sin recursos económicos no se puede hacer nada, pero es fundamental que estos se administren de forma eficiente.

El número de hospitales y por tanto de camas para los pacientes también es otro indicador para determinar el grado de efectividad de los sistemas de salud, aunque tampoco esto es garantía de éxito.

En el caso de Cuba, situado en primer lugar con 53 camas cada 10.000 habitantes, sí se cumple, pero en segundo lugar tenemos a Argentina, con 47 camas y sin embargo unos resultados en salud pública más pobres que Chile, que dispone de menos de la mitad de camas.

“Hay dos grandes temas. Uno es la equidad en términos del acceso a beneficios, y otro es la calidad. Hasta hace algunos años parecía que bastaba con asegurar a todos, pero ahora hay que pensar qué significa esa cobertura si no da acceso a servicios de calidad”, dice Giedion.

Federico Tobar, consultor internacional en políticas de salud y medicamentos, fue consultado por Infobae para conocer las diferencias entre los modelos sanitarios de la región: “En general, los sistemas de salud de América Latina son fragmentados y segmentados. Fragmentados porque el cuidado de la salud de la población se reparte entre múltiples responsables: una parte el Estado, otra la obra social, y otra las clínicas privadas. Segmentado porque no hay una única institución, sino muchas”.

Pero tal y como muestran las estadísticas, varios países de América Latina escapan de esta lógica y poseen modelos sanitarios integrados y eficientes que garantizan una mayor esperanza de vida y ofrecen un trabajo continuado en el cuidado de los pacientes.

“En el extremo superior podemos encontrar a Costa Rica, a Brasil, a Uruguay y a Chile, los demás están bastante más superpuestos”, dice Tobar. “Argentina es absolutamente ineficiente por la duplicación de funciones”, añade.

En Brasil, con la eliminación de las obras sociales, todos los hospitales que dependían de ellas se trasladaron a zonas regionales generando una gran cobertura sanitaria. El caso de Uruguay es parecido, pues su sistema de salud se estructuraba a partir de mutuales (similar al de las obras sociales), pero para aumentar la eficiencia de recursos los aportes que antes iban a mutuales ahora han pasado a un mismo fondo. Además, el país ha hecho un seguro universal frente a las enfermedades más caras.

El modelo sanitario de Costa Rica siguió una estrategia diferente en la que se borró el sistema público y todo pasó a una misma aseguradora: la Caja Costarricense del Seguro Social. Chile, en cambio, posee un modelo de salud más estratificado. Sus contribuciones sociales para la salud son muy bajas, en torno al 1%, de manera que las personas con menos recursos reciben un seguro público, aunque, tal y como muestran las estadísticas, los resultados del modelo chileno son muy positivos.

Erika Galípolo
Redacción

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