Viernes 20 de Octubre del 2017
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Viajar y aprender


¿Dedicar un año a viajar o a estudiar? Este es el eterno debate sin un claro ganador, shop aunque cada vez son más los estudiantes que, cansados de tener que enfrentarse a una educación que no para de aumentar su precio y a un mercado laboral insatisfactorio, cambian sus libros de textos y lápices por guías de viajes y sacos de dormir. Pero… ¿es buena idea dedicar un año solo a viajar?

Tanto viajar como estudiar son dos buenas opciones pero hay lecciones que no se pueden aprender solamente tomando apuntes en una clase magistral. Veamos algunas que se pueden aprender de una forma un poco más práctica… ¡viajando!

– ¿Quieres averiguar de lo que eres capaz? ¡Viaja!

Viajar nos transforma y no solo físicamente, también cambia nuestra visión de la vida y la manera cómo nos enfrentamos a ella. Viajar puede convertir a personas introvertidas en extrovertidas, aumentar la confianza en uno mismo y hace que nos sintamos realmente vivos y vivamos el momento, dos de las claves para encontrar la felicidad y que son imposibles de realizar si tenemos que trabajar y ceñirnos a una rutina puesto que la mente entra en un círculo vicioso del que difícilmente consigue escapar.

Todo cambia cuando se viaja. La aventura, no saber qué va a pasar, causa adrenalina que el cuerpo recibe de una forma muy positiva. Si queremos dar un cambio radical a nuestra vida realizar un viaje puede ser una buena manera de empezar.

– Por naturaleza, la gente es buena

No importa de dónde seamos porque a la mayoría de los seres humanos nos mueven los mismos deseos básicos: la preocupación por nuestra familia, nuestros amigos y el deseo de proteger a los que queremos. Asimismo también nos esforzamos por mejorar nuestras vidas día tras día y nos preocupamos los unos por los otros.

Si no descubrimos el mundo por nosotros mismos, perdemos de vista todo esto y dejamos que los estereotipos invadan nuestras mentes. Viajar hace que nos demos cuenta de que nos unen más similitudes a los demás que diferencias que nos separan.

– Solo somos puntos diminutos en un mundo gigante

Durante toda nuestra vida nos dicen que somos especiales y únicos. En casa, en la escuela e incluso en la universidad, los padres, los profesores, los compañeros de trabajo… no paran de recordarnos, voluntariamente o no, cuán importante somos.

Pero viajar nos abre los ojos y, aunque pueda resultar doloroso al principio, es bueno que nos demos cuenta de que ni nosotros ni nuestro país somos el centro del mundo.

Viajar nos hace humildes porque somos capaces de darnos cuenta de lo pequeños que somos en un mundo gigante, cosa que ¡no es tan negativa como puede parecer en un principio!

– Los estereotipos son ridículos

Estamos cargados de estereotipos y si nos guiamos por ellos no es difícil juzgar a todos los rusos como villanos, pensar que todos los universitarios americanos son alcohólicos o que el estilo de vida en Australia se basa en cazar cocodrilos y practicar surf. Afortunadamente, todos estos prejuicios pueden desaparecer si viajamos.

Siempre que se llega de un viaje se vuelve, al menos, con un prejuicio menos en la mochila, maleta… No importa cuánto nos esforcemos: creemos, pensamos y actuamos dentro de los parámetros que nos han enseñado.

Incluso a veces creemos que tenemos una mente realmente abierta pero viajar puede demostrarnos lo muy equivocados que estamos.

– El mundo no es un lugar tan peligroso como creemos

Las noticias nos informan constantemente de guerras, ataques terroristas, conflictos armados… por lo que parece que corremos un peligro inminente cuando ponemos un pie fuera de nuestra casa y, si tenemos esta sensación, ¿cómo vamos a atrevernos a viajar a otro país?

Muchas personas entran en pánico cuando alguien les comunica que va a viajar a la India, a Egipto o a Marruecos y esto es básicamente porque, aunque existen, nunca oímos buenas noticias, anécdotas positivas, historias interesantes y emocionantes de esos sitios.

Las características negativas tienden a eclipsar las positivas y solo depende de nosotros atrevernos a dejar que sean estas últimas características las que nos influyan.

– Una persona puede marcar la diferencia

Los grandes gestos captan toda la atención. Los multimillonarios realizan donaciones de millones de dólares a la caridad por lo que es difícil saber cómo el resto de la gente puede realizar algún cambio positivo.

Viajar nos muestra la otra cara de la moneda, nos enseña cómo los pequeños gestos pueden convertirse en algo muy valioso.

No hace falta salvar un poblado o solucionar todo los problemas del mundo para mejorar e impactar la vida de alguien. Basta con marcar la diferencia para alguien con un pequeño detalle que puede ser realmente gigante.

Todo esto puede aplicarse a gran escala, nivel mundial, o a pequeña ya que no hace falta viajar a nuestras antípodas para poder recibir todo lo que viajar nos puede ofrecer, basta con realizar una excursión de un fin de semana a un lugar cercano pero en el que nunca hayamos estado para ser conscientes de que la única manera de superar nuestros miedos y los desafíos que supone abandonar la zona de confort es viajar y abrir nuestra mente.

Alexandra Cuesta Ortal
Redacción

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