Viernes 23 de Febrero del 2018
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Una nueva economía. Jorge Dobner


Bancos de tiempo, capsule cheques por el valor de una hora, link moneda virtual o intercambio entre iguales: no es una proyección onírica sino la realidad manifiesta. Lo que hace años se podría creer una excentricidad parece ahora una tendencia imparable que gana adeptos por miles, stomach raro es quien en algún momento no ha recurrido a servicios como Blablacar, Airbnb o Wimdu. La tecnología propicia su encuentro, el boca a boca hace el resto.

¿Un mundo sin dinero? Al menos de momento tal grado de intangibilidad se estima poco probable – no en vano muchas de estas plataformas operan en la divisa convencional – pero lo que es seguro que el llamado consumo colaborativo o economía compartida se posiciona como firme alternativa al capitalismo.

En cierta ocasión el célebre economista John Maynard Keynes dijo “la mayor dificultad que tiene la gente en este mundo no es aceptar nuevas ideas, sino lograr olvidar las ideas viejas” precisamente quien consideró desde el propio sistema capitalista la necesidad de finiquitar ciertos mitos de la ortodoxia liberal en aras de salvarlo, unos propósitos reformistas que ahora deberíamos examinar.

Porque tras la borrachera del capitalismo, llegó la resaca y en este punto con plena legitimidad los ciudadanos se han plantado frente a un sistema que solo satisface a unos pocos sin intención de renovar.

Si algo demuestra esta nueva economía es que en torno al simple gesto de compartir se puede articular un nuevo modelo económico, el tan divulgado lema “menos es más” viene a contradecir la consigna acumulativa que por tantos años nos hicieron creer.

Este despertar ha propiciado el empoderamiento del colectivo como razón de ser, la recuperación de valores que parecían ya perdidos: la solidaridad contra el ego, el sentido espiritual frente al material.

No nos engañemos, más allá de los beneficios económicos que reporta a las partes implicadas (la posibilidad de ahorro u obtener un extra) la ciudadanía estaba fuertemente necesitada de confianza y proximidad, aquello que el Papa Francisco I ha reivindicado como “el gozo”, es decir la satisfacción del alma.

Algunos – quizá por miedo – no dudan en tildar de trasnochada esta economía compartida en base a ciertas conexiones con el antiguo trueque. No obstante poco importan las críticas si algo funciona y visto lo visto el consumo colaborativo lo hace de maravilla movilizando el pasado año casi 3.500 millones de dólares en este tipo de transacciones, un 25% más que el año anterior; también atrayendo inversiones millonarias de fondos de capital de riesgo.

Por supuesto este sistema todavía con margen de madurez debe solventar el vacío legal de ciertas cuestiones y que afecta de forma directa incluso a pequeñas empresas o taxistas que pagan religiosamente sus impuestos.

Al respecto los responsables de diversas organizaciones de consumo colaborativo celebra la legalidad, jugar en las mismas condiciones, acatar los deberes pero también los derechos. Así por ejemplo en California (EE.UU) la Comisión de Utilidades Públicas de California, (CPUC por sus siglas en inglés) aprobó la primera regulación sobre sistemas de movilidad compartida.

Es solo cuestión de tiempo salir de este limbo legal, lo relevante es el buen hacer de la gente que construye unida una economía más justa y democrática. La pelota está en el tejado de quienes dirigen el capitalismo, innovar o morir sin ni siquiera haber hecho un esfuerzo por el cambio.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

 

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