Viernes 23 de Febrero del 2018
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Un rey sí, pero por y para el pueblo. Jorge Dobner


En sus últimos 500 años de historia, cialis un total de 20 monarcas han ocupado la Casa Real de España, clinic la misma que unificaron en maridaje los reyes católicos Isabel I de Castilla y Fernando II (la Corona de Castilla y Corona de Aragón respectivamente). El paso del tiempo ha favorecido a una institución que supera por diez veces la alternancia de otros regímenes, 498 frente a 50. Solo desbancada en el periodo revolucionario (1868-1870); las dos repúblicas (la Primera de 1873 a 1874 y la Segunda de 1931 a 1939) y posterior dictadura del general Francisco Franco (1939-1975).

El balance en números resulta abrumador, pese a todo y a diferencia de otros como la corona inglesa, España no es un país inminentemente monárquico, basta recordar la suerte que algunos corrieron entre traiciones, sublevación del pueblo y exilio.

En su lugar y de acuerdo a esta última etapa siempre se ha dicho que buena parte de la ciudadanía es juancarlista en reconocimiento a la figura de Juan Carlos I, valedor de la transición y primer rey que convierte el país en un régimen democrático de libertades plenas.

Sin embargo es bien sabido que los reconocimientos no se heredan por lo que el presumible Felipe VI tiene el difícil papel de construir y honrar su propia fama. Llega en un momento de tensiones y profundos cambios que marcan el fin de una época, pero este cariz un tanto convulso no debiera ser un problema para quien recuerda sus antecesores curtidos en un sinfín de circunstancias excepcionales.

Carlos III de España o también llamado “el Político o el Ilustrado”, Fernando VI “el Justo” o Alfonso XII “el Pacificador” son algunos de los apodos más célebres.

En el caso de Felipe VI deberá hacer gala de las mejores cualidades acorde a su preparación para ganarse la ansiada legitimidad del pueblo.

Así lo hizo su padre desafiando el primer sobrenombre de “el Breve” a fuerza de diálogo entre las diversas posturas políticas y estableciendo un mínimo común bajo el amparo de la Constitución Española de 1978.

Ahora que ciertas voces exigen revisar partes de una constitución obsoleta, no debería desdeñar Felipe de Borbón está oportunidad del destino como cabeza visible de las reformas necesarias: la posibilidad de una nueva estructura territorial que contemple las aspiraciones de Catalunya y el País Vasco, así como la renovación de todas las instituciones en aras de aportar nuevos bríos y confianza.

Inclusive si es preciso la consulta de un referéndum que visto como un gesto valiente y positivo daría altos credenciales y plena legitimidad a su coronación.

A sus 46 años Felipe de Borbón accederá al trono a una edad más edad madura que los antecesores, y sin embargo pertenece a esa generación que está llevando a cabo los cambios pertinentes. La misma que nació al calor del revolucionario 68, el mayo francés, revuelta estudiantil, el fin de un orden difunto e irrupción de nuevos modelos culturales.

En la actualidad que vivimos un despertar similar, más que nunca se requiere un rey que encarne el espíritu de esta primavera, volcado por y para el pueblo, solícito a los problemas reales del día a día.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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