Domingo 18 de Febrero del 2018
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Rebelde con causa. Entrevista a Jody Williams


Por suerte hay quienes no se arrugan ante el establishment y emprenden una lucha personal que con tesón y paciencia en ciertas ocasiones recibe su recompensa. Más meritorio incluso cuando nuestros esfuerzos se orientan a causas cuyos beneficios no se rigen por un fin individualista sino por el deseo de transcender la humanidad. 

Este es el caso de Jody Williams, sick  ganadora del  premio Nobel de la Paz en 1997 por su encomiable trabajo en favor de la prohibición de minas antipersonales y municiones de racimo, ambulance y que ahora centra su acción en una campaña contra la violencia sexual en conflictos. 

Jody Williams, premio Nobel de la Paz. 
De su familia aprendió el amor y la violencia, por los arranques agresivos de un hermano enfermo. Tiene fuerte carácter y corazón impetuoso, capaz de organizar campañas y arrastrar voluntades. Le debemos el tratado de Prohibición de Minas Antipersona (Icblcmc.org) firmado en Ottawa en 1997, y que le reportó el premio Nobel de la Paz.

En su tarjeta reza “abogando por la paz, la justicia y la igualdad”, y figura junto a las otras mujeres Nobel de la Paz en una campaña conjunta (Nobelwomensinitiative.org). Ha recibido la medalla de la Fundación Internacional Olof Palme, por su defensa de los derechos humanos, la promoción de la paz y la solidaridad.

Quiso ser papisa, dice?

De niña, sí. Me frustró no poder ser ni monaguillo en la misa, por ser chica… Y a los 17 años dejé la Iglesia.

¡Pero es Nobel de la Paz!

Bueno, también lo es Obama…

¿Le disgusta?

Nunca antes se concedió un Nobel de la Paz sólo por lo que se supone que hará.

¿Y lo ha hecho?

¡No! A Obama le dieron el Nobel sólo por no ser Bush. ¡Y ya ha lanzado más ataques de drones que Bush en ocho años!

No lo sabía.

Pues sí. Su discurso de multilateralidad… Mentira: mi país sigue agresivo y sin contemplaciones. Sabía que no haría nada.

¿Y cómo lo sabía?

Sé muy bien quién manda en Gringolandia.

¿Quién manda?

El complejo industrial militar. Las compañías multinacionales y el ejército.

Un presidente demócrata o republicano…¿da igual?

Dos caras de una misma moneda. Obama aceptó el Nobel de la Paz “en nombre del pueblo norteamericano”, ¡anda ya!

¿Y qué ha hecho usted para merecer el Nobel de la Paz?

Propiciar un tratado internacional contra el uso de minas antipersona.

¿Ha servido para algo?

Ya son 161 los países firmantes del tratado. España ha dejado de fabricar minas antipersona. Miles de vidas se han salvado…

¿Qué es una mina antipersona?

Una carga explosiva oculta bajo tierra o bajo el agua, que explota por vibración o contacto y mutila o mata a personas.

¿Y qué gana el que las siembra?

Cosecha el miedo de la población, que presionará para favorecerle en algún pacto.

¿Quiénes las usan?

Gobiernos, terroristas, opositores, ¡todos! En Colombia, los cocaleros. En Siria, los rebeldes… ¡Muy mal todos!

¿Desde cuándo se usan estas minas?

Desde la Primera Guerra Mundial. Al principio, en campos acotados. Tras la Segunda Guerra Mundial, sembradas indiscriminadamente en terrenos sin señalar…

¿Cuántas víctimas han causado?

Cuando empecé mi lucha contra las minas antipersona, hace casi 20 años, alguien resultaba dañado en algún lugar del mundo ¡cada 20 minutos! Ahora son ya menos de diez personas al día… Un buen salto.

¿Dónde hay más minas ahora?

Camboya, Afganistán, Birmania, Pakistán, Colombia… Muchas quedan abandonadas tras viejos conflictos olvidados…

¿Cuánto dura una mina?

Más de 50 años… En El Alamein, Egipto, quedan miles de minas de la Segunda Guerra Mundial… ¡Es muy caro y arriesgado desactivarlas! ¿Le explico una historia?

Por favor.

Me la contó el jefe del Plan Nacional Antiminas en Croacia. Habló con excombatientes para limpiar el terreno, y no colaboraban. Días después, un chico recogía leña en el bosque… y se quedó sin piernas: pisó una mina. Un hombre se le presentó al día siguiente: esa mina la había sembrado él siendo combatiente… ¡y el chico sin piernas era su propio hijo! Empezó a colaborar…

¿Cómo llegó usted a esta lucha?

¡Vietnam! A los 19 años, universitaria, participé en mi primera manifestación. ¡Me cayó la venda de los ojos! Descubrí que mi país no salvaba el mundo ni la libertad ni nada.

¿Y qué hizo?

Me largué a México, hasta que entendí que sólo podría cambiar algo desde dentro de mi país. Y me instalé en Washington.

¿Como activista antiimperialista?

Sí, y en una manifestación vi a un hippy con la pancarta: “El Salvador, ¿otro Vietnam?” Y me fui voluntaria allí, a Centroamérica.

¿Y qué vio?

El respaldo de la CIA a las dictaduras. Medié y me comprometí con el desarme, creé una coalición de oenegés antiminas…

Si un día fuese presidenta de su país…

No sirvo, no me avengo a componendas.

Pero si mandase, ¿qué haría?

Deshacer el complejo industrial militar. Abandonar el petróleo. Y una educación y una sanidad universales y gratuitas.

¿En qué anda ahora?

En una campaña contra los robots asesinos.

¿Robots asesinos?

¡Es escandaloso! Ya hay robots asesinos teledirigidos, pero ahora preparan prototipos con autonomía para asesinar.

Parece una película de ciencia ficción…

También me he aliado con las otras cinco mujeres laureadas con el Nobel de la Paz.

Recuérdeme quiénes son…

Shirin Ebadi, Rigoberta Menchú, Mairead Maguire, Leymah Gbowee, Tauakul Karman y servidora.

¿Y para qué se han aliado?

En una campaña contra la violencia sexual en conflictos, y en otra para garantizar la paz sostenible, algo distinto de la ausencia de guerra. Y, en fin, queremos cambiar el conceptoseguridad nacional por otro…

¿Cuál?

El de seguridad humana.

Víctor – M. Almela 

Fuente: La Vanguardia 

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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