Martes 20 de Febrero del 2018
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El economista que ha puesto en jaque al capitalismo


Aunque tardará algunos meses en publicarse en su traducción al castellano, pills el éxito de “Le capital au XXIe siècle” (El capital en el siglo XXI) por el economista francés Thomas Piketty (7 de mayo de 1971) es tal que traspasa cualquier frontera física o lingüística. Poco podía imaginar aquel niño criado en un barrio obrero de Clichy que años más tarde su popularidad crecería como la espuma.

No solo su libro, price considerado una de las grandes revelaciones de este año – entre las muchas alabanzas The Economist dice que ha reescrito doscientos años de pensamiento económico sobre la desigualdad – también su figura ha sido encumbrada a la categoría de gurú, llamado a ser uno de los destacados pensadores de este siglo.

De carácter tímido, algo retraído, Piketty esconde sin embargo una pasión inaudita sobre la economía, marcada por el rigor y precisión al detalle. Aunque en apariencia su libro se cree académico e ininteligible para el común de los mortales, nada más lejos de la realidad puesto que su objetivo es el gran público “He querido dirigir el libro al lector general” como detonador de conciencia de las desigualdad que causa el sistema económico.

Ilustrado por pasajes cercanos al anecdotario y referencias literarias no abandona por ello la mirada especialista, pero sin perder nunca el contexto global que le otorga sentido. La economía entendida por su repercusión en los indicadores sociales, inherente a la historia o política, este es uno de sus secretos que la hace diferente y atrayente para la masa social.

Otra de las claves de su éxito es que cierta polémica propicia que el libro esté en boca de todos. Piketty ha puesto el dedo en la llaga cuestionando la dinámica del capitalismo, en particular sobre el fulgurante ascenso de una minoría que acapara cada vez más riqueza del mundo, así como el interés de estos por perpetuar un modelo que hace a los ricos más ricos y a los pobres más pobres.

Con todo Piketty no pretende demonizar el capitalismo en favor del socialismo, porque lejos de las utopías marxistas – y aun considerando sus tendencias más progresistas – tampoco es ninguna panacea “Lo que defiendo es un impuesto progresivo, un impuesto global, basado en la imposición a la propiedad privada. Es la única solución civilizada. Las otras son, en mi opinión, mucho más bárbaras; y me refiero al sistema oligárquico ruso, en el que no creo, y a la inflación, que en realidad sólo es un impuesto sobre los pobres” expresa.

Quizá algunos desde una postura inmovilista opinen que Piketty no hace más que tirar piedras sobre su propio tejado, o incluso ir contra natura del sistema imperante, pero más sencillo es creer que la economía no se reduce únicamente a los números, que prevalecen ante todo las personas.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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