Martes 20 de Febrero del 2018
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El boom humorístico en tiempos de crisis


Ya lo dice el proverbio “Al mal tiempo buena cara” y es que en tiempos de crisis parece que el humor gana enteros no solo como paliativo ante las desgracias sino también de arma arrojadiza contra los participes de éstas. Además de descoyuntarse uno/a de risa el humor bien entendido es señal inequívoca de inteligencia, puede favorecer la reflexión y despertar conciencias.

Así lo conciben multitud de autores que prefieren desdramatizar la situación actual de la mejor manera posible, es decir canalizando el descontento creativamente. Porque aunque queramos negar lo evidente, la frustración y mala leche nos hace sacar el ingenio más si cabe.

Sino que se lo digan a José Miguel Monzón Navarro, más conocido como el Gran Wyoming, quien ha convertido su programa ‘El Intermedio’ en sátira política y de la vida misma. Esta versión más ácida y concentrada de aquel primigenio ‘Caiga quien caiga’ (CQC) pone en evidencia a los representantes políticos quienes aunque solo sea por la exigencia de no quedar en ridículo supone una forma alternativa de evaluar sus decisiones.

En cierto modo el humor puede actuar como un grupo de presión, quizá una única dosis sea insuficiente pero en cuenta gotas y de forma continuada puede influir en el rumbo de determinadas actuaciones o rectificaciones. Aunque por desgracia la censura suele ser la vía rápida para evitar que el río se desborde, basta analizar algunos casos visto no visto de la revista ‘El Jueves’.

Una variedad de parodias, sketches, monólogos copan programas de televisión desde varias décadas: el siempre irreverente Leo Bassi, Pepe Rubianes, Pedro Ruiz, Martes y trece, José Mota, Dani Mateo, Eva Hache…del humor caustico hasta el más afable e incluso surrealista.

También el género literario goza de una larga trayectoria Forges o El roto continúan publicando, mientras que otros como Quino, pese aparcar su actividad, es todo un icono y clásico del imaginario colectivo. No en vano este precisamente año el padre de Mafalda es ganador del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Lo cierto es que cuando peor van las cosas el humor sigue su trayectoria inversa viviendo una época dorada. Revistas como ‘Le Canard Enchaîné’ en Francia o ‘Mongolia’ y ‘El Mundo Today’ en España están en plena vigencia y aunque otros países como Argentina no cuentan con este tipo de referencias sí que las hubo en épocas más restrictivas como el peronismo y dictadura militar, así las célebres ‘Satiricón’ y ‘Humor’ hicieron gala de ironía en situaciones extremas.

De vuelta a la actualidad y aprovechando la poderosa influencia de lo audiovisual, a la reciente película de Emilio Martínez Lázaro ‘Ocho apellidos vascos’ se le alaba la noble intención de romper el tabú de los nacionalismos. Una caricatura identitaria que también tiene su réplica en la pequeña pantalla como así corroboran los fenómenos Polònia (Cataluña), Vaya semanita (País Vasco) u Oregón Televisión(Aragón).

Lo que parece claro es que tanto para hacer humor como recibirlo de buen grado es necesario una mente libre de complejos, sentir en vez de juzgar. Porque precisamente la risa es instintiva se reproduce o no en el acto y para accionar este detonador los actores coinciden en la dificultad que supone, superando incluso al drama:

“El gag tiene una estructura matemática. Te ríes o no, sin tiempo de pensar si te gusta” asegura el cineasta Álex de la Iglesia.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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