Miercoles 28 de Septiembre del 2016
Google+ Pinterest
sponsors 1; 2

Votar para cambiar Europa. Jorge Dobner


El viejo sueño de una Europa unida llegaba a su punto álgido con la adopción de una moneda oficial que integrara los estados y pueblos bajo el amparo de una misma comunidad económica. La madre europea, nación de naciones, abría sus brazos solícita a una numerosa progenie a la espera de nuevos miembros, el logro de un magno proyecto.

Poco se podía imaginar que la crisis dinamitaría tales aspiraciones evidenciando defectos de base, lucha de fuerzas, egos desmedidos y conflictos en la defensa de los propios intereses, que ya no eran los de todos. La ilusión se tornó desencantó para una ciudadanía atónita ante la falta de solidaridad y poca empatía de sus comisariados, que en la doctrina propia de los cínicos afligen con recortes y a su vez se lamentan.

Ahora que se acercan las elecciones europeas, previstas el próximo 25 de mayo, no es de extrañar que esta desafección haya alcanzado tales cotas, según la encuesta preelectoral realizada en España por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre intención de voto se sitúa en un 23,8 por ciento, o sea casi la cuarta parte de la población.

Hay quienes consideran esta opción una forma de boicot político haciendo bueno aquello de la ignorancia es el peor castigo. Sin embargo no es menos cierto, mal que nos pese, las decisiones con o sin votación por parte de un sector no hacen en cambio distinción cuando afectan al conjunto.

De momento el candidato del Partido Popular Europeo (PPE) a presidir la Comisión, el luxemburgués Jean Claude Juncker, advierte en una suerte de piropo envenenado que si bien los resultados de España con las medidas anticrisis son “impresionantes” habría que implantar nuevas reformas para recuperar la economía.

Amén de este incómodo discurso todavía no valoramos en su justa medida la influencia de la legislación europea en el devenir de cada país, su trascendencia en la asunción de recortes, directrices en favor de unas u otras políticas.

En tiempo de campaña electoral se especula sobre el impacto de la abstención pues habitualmente la no movilización de la ciudadanía favorece a los partidos conservadores o en su caso al partido que está en el poder. Por contra la abstención como reflejo de una actitud crítica se suele ejercen desde posiciones más progresistas e incluso anarquistas, el llamado voto antisistema.

Cualquier cambio viene precedido de una acción. De poco sirve el lamento o protesta si la ciudadanía no comunica su sentir a través de la elección de sus representantes políticos.

Nos toca hablar en las urnas – sea cual sea nuestra elección – como expresión máxima de la democracia.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>