Viernes 30 de Septiembre del 2016
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Quien tiene un hermano, tiene un tesoro


La relación entre hermanos supone un vínculo único y especial. Es un lazo que dura toda la vida, independientemente del trato que exista entre ellos. No importa si se ven solo de vez en cuando, o si llevan tiempo sin hablarse por cualquier motivo. La conexión que los une no entiende de barreras, y empieza a forjarse desde la más temprana infancia.

El hecho de pertenecer a una misma generación fortalece aún más si cabe esta unión, que puede servir en ocasiones de soporte para toda la familia en momentos difíciles.

Además, el nexo entre hermanos condiciona a veces el trato con el resto de parientes o amigos. Por otro lado, la buena relación fraternal es una garantía para los padres, pues además de facilitar la estabilidad familiar, les otorga la tranquilidad de saber que sus hijos nunca estarán solos.

Según el filósofo Bertrand Russell, la envidia es una de las principales causas de infelicidad. Además es un sentimiento inevitable e inherente a la naturaleza humana que empieza a florecer en las personas desde sus primeros años de vida.

La envidia lleva a una rivalidad constante entre aquellos que la experimentan, y en el caso de los niños se suele ver reflejada en las relaciones entre hermanos que de algún modo compiten por el que es su primer objeto de amor, la madre. Cuando crecen, esta competencia sigue aumentando y puede extenderse a otros ámbitos.

Pero el amor fraternal es por lo general más fuerte que cualquier sentimiento de envidia, por lo que lo más normal es que los conflictos entre hermanos acaben resolviéndose. Para ello, resulta determinante la actitud que tomen los padres, que puede ser de prescindencia o de interferencia. La prescindencia consiste en no actuar, dejar a los hijos que resuelvan sus problemas por sí solos, lo que permite que sean capaces de llegar a un acuerdo y que establezcan sus propios valores. En cambio, la interferencia refuerza la rivalidad, bloquea la negociación y aleja la solución.

La rivalidad entre hermanos puede ser positiva, ya que en ocasiones es un motivo para superarse y crecer. La resolución de conflictos ayuda a conocer mejor a la otra persona y también a uno mismo. Además, por lo general la competencia va menguando a medida que los protagonistas van madurando, hasta que acaba desapareciendo.

Como ocurre con todo lazo familiar, las relaciones entre hermanos cuentan con sus buenos y malos momentos. Pero como es lógico, en general el amor fraternal se acaba imponiendo a cualquier tipo de conflicto. Porque no importan las circunstancias, un hermano es para siempre.

María Bofill García
Redacción

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