Martes 27 de Septiembre del 2016
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Miradas. Jorge Dobner


Dicen que la mirada es el espejo del alma considerando los ojos una ventana abierta al mundo donde asoma nuestra personalidad, intencionalidad y deseos más íntimos. Capaces de percibir los más variados matices de luz y forma, emisores y receptores a un tiempo, constituyen el lazo de unión entre el medio físico y la psique del hombre.

No obstante, aun valorando el poder de este canal de comunicación que nos pone en contacto de forma casi mística con las fuerzas del universo, desentrañar la naturaleza del otro es a menudo un proceso complejo que puede llevar al equívoco, caer en prejuicios de acuerdo a experiencias pasadas.

Más allá de la simple apariencia la responsabilidad del observador es profundizar en la realidad que le rodea. Como antaño hicieran los naturalistas, que en la figura del periodista y escritor francés Émile Zola tuvo su máximo exponente, en la observación radica la atención al detalle. Pero no debiera ser el único propósito pues también necesaria es la experimentación entendida prácticamente como un método científico en la disección de la realidad.

Por momentos la observación es el anticipo para expresar en palabras lo que nuestra mente grita en silencio aunque a veces filtrado por las convenciones y buen juicio.

En cualquier caso la realidad adquiere múltiples perspectivas en función de los ojos de quien la mire: el vaso puede parecer medio lleno o medio vacío.

Luego una mirada en positivo daría más claridad sobre los desastres que estamos viviendo, el conflicto de Ucrania, por ejemplo, evidencia que ciertas etapas históricas todavía no parecen superadas y solo una chispa es suficiente para propagar la llama latente. Sin embargo la historia no enseña a no tropezar en la misma piedra, aprender de los errores que conducen siempre a las mismas consecuencias.

La retórica del odio genera en bucle un alud de violencia, en cambio la amabilidad eleva los sentimientos y multiplica con creces los dones recibidos.

Aun siendo un suceso trágico el 11-S advirtió el poder informativo del colectivo. Al colapsarse todas las páginas web de los medios convencionales, sus ciudadanos comenzaron a narrar los acontecimientos por otras vías dando vida a los blogs y sentido a lo que ahora llamamos “periodismo ciudadano”.

Esta es la mirada del sujeto que cambia y completa el enfoque de la noticia. Si pensamos que el periodismo nació como extensión de la democracia, por el pueblo y para el pueblo, lo que el catalogado padre del periodismo ciudadano Dan Gillmor recoge en su libro “We the media” (nosotros los medios de comunicación) quizá estaremos más cerca de aquello que los filósofos en varias de sus corrientes se afanaron en buscar: la verdad.

En última instancia un radical cambio de cultura donde el capital humano y tecnológico se aúnan como savia nueva, donde impere lo esencial y las malas costumbres ya sea un recuerdo lejano puede traer consigo el impacto de otros valores, el inicio de otra era.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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