Jueves 29 de Septiembre del 2016
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Internet para niños: oportunidades y riesgos


En muchas familias, colegios, o gobiernos se repite un mismo dilema: definir la posición ante el uso que la infancia puede o debe darle a internet. Es común que un niño o niña, cada vez con más frecuencia menor de 12 años, pida un teléfono móvil cuando alguno de sus compañeros de clase tiene uno, y se empieza a generalizar como una moda.

La posición de UNICEF es que ante el uso de internet por menores, se debe mantener un equilibrio entre el derecho a la participación y la protección. La organización sostiene que “expandir el acceso a Internet para todos los niños es esencial para garantizar algunos de sus derechos fundamentales”.

No obstante, también señalan que seguir esta estrategia debe implicar un mayor esfuerzo colectivo por hacer de internet un lugar más seguro para la infancia, ya que no son un colectivo ajeno al fenómeno de generalización mundial del uso de la red.

A finales de 2014, se estima en un 44% los hogares del mundo que dispondrán de internet, según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Niños y adolescentes forman parte de estas familias, y la red de redes se integrará progresivamente en su educación y en su vida cotidiana.

Internet supone unas posibilidades de acceso a comunicación, información, cultura y entretenimiento sin precedentes históricos. Sin embargo los riesgos están ahí: el acoso sexual infantil, o el ciberacoso son algunos ejemplos.

La Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Canadiense de Pediatría han determinado que los niños no deberían estar expuestos a la tecnología antes de los dos años. Entre los tres y cinco años recomiendan que no se exceda la hora diaria, y entre los seis y los dieciocho años, las dos horas al día.

Sin embargo, el consumo real de tecnología por niños y jóvenes es cuatro veces superior a lo recomendado desde estas instituciones. Se ha demostrado que la sobreexposición a tecnología en edades tempranas está asociada a déficits de atención, aprendizaje disociado, retrasos cognitivos, mayor impulsividad y menor autocontrol.

El tiempo dedicado a la tecnología también guarda relación con el aumento de la obesidad, la falta de sueño, actitud agresiva, dependencia y desapego familiar o social.

La supervisión desde la familia y la escuela es básica para detectar conductas de riesgo, y sobre todo para educar en un uso sano de las tecnologías desde la infancia.

Alba Sánchez Serradilla
Redacción

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