Domingo 25 de Septiembre del 2016
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El poder de la música para liberar emociones


Según los expertos la música nace con el ser humano como expresión cultural universal pues ya en la prehistoria el hombre primitivo se inspiraba del sonido unido al movimiento para simbolizar los ritos de vida y muerte.

Quizá porque surgió de las propias entrañas se considera la música un lenguaje capaz de conectar con el Yo profundo, las raíces de las emociones tanto que de un modo insólito en aquellos momentos de soledad y tristeza puede animarnos al tiempo que en un momento de excitación puede inducirnos a su estado opuesto.

Tal es su poder de sugestión que la música se emplea como positiva terapia en pacientes que padecen trastorno de sus estructuras cerebrales y que están relacionadas con las emociones, es el caso de los individuos con depresión, trastorno de estrés postraumático o en parte también  otros trastornos por ansiedad.

Sin embargo uno de los grandes interrogantes es cómo la música logra este efecto, conecta de forma tan directa con nuestras emociones, algo que la ciencia a través de múltiples estudios está esclareciendo.

Corría el año 2001 cuando los neurocientíficos Anne Blood y Robert Zatorre de la Universidad McGill en Montreal evidenciaron que la música placentera activa en las personas que la escuchan diferentes regiones del cerebro en su sistema límbico y paralímbico y que se vinculan a respuestas eufóricas como ocurre con el sexo, comida o drogas.

En el caso de ciertas actividades primarias resulta comprensible que generen en todo el cuerpo la liberación de la dopamina también conocida como hormona del placer que contribuye a nuestra supervivencia y propagación. En cambio parece más extraño que también los sonidos sin relación alguna con la supervivencia consigan similares respuestas.

Al respecto en la actualidad los científicos contemplan una teoría anterior que se remonta al año 1956 cuando el filósofo y compositor Leonard Meyer sugirió que la emoción en la músicas e relaciona con lo que esperamos y ver si lo obtenemos o no.

No en vano el cerebro necesita patrones para entender el entorno y darle sentido, son reglas que usamos para hacer predicciones y formarnos expectativas  tanto da que sean cuando nos encontramos  en medio de un bosque o al ver una película en que la banda sonora pueda anticipar dichas reacciones (p.ej. los tonos agudos casi chirriantes en un tempo frenético nos hacen presagiar el momento álgido de suspense).

De acuerdo a Meyer las teorías psicológicas de la emoción que propuso éstas surgen cuando no satisfacemos un deseo en este caso desencadena la ira o frustración pero si obtenemos lo previsto todo lo contrario, la recompensa es grata, más dopamina. Siguiendo este modelo la música establece patrones de sonido y regularidades que a su antojo provocan predicciones inconscientes sobre lo que va a suceder el próximo segundo.

Otro estudio liderado por el neurofisiólogo Robert Zatorre demostró que la respuesta estimulada por la música se origina  a partir de la comunicación  entre emoción y lógica en el cerebro. No obstante también intervienen otros factores como el hecho de escuchar la música solos o en compañía así como posibles asociaciones de una determinada canción o melodía a una experiencia ya vivida.

Lo curioso es que indistintamente de la nacionalidad, cultura o nivel socioeconómico todos los seres humanos podemos reconocer de forma instintiva y disfrutar por igual una determinada melodía.

Por ejemplo la música triste al imitar la prosodia de una voz triste, tonos bajos, tempos lentos y pequeñas variaciones mientras que una música más alegre caracterizada por un tempo más vivaz, tonos agudos y en escalas mayores con una sonoridad brillante provocarán nuestro regocijo.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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