Domingo 25 de Septiembre del 2016
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Así es una competición de robots (o un examen) en el MIT


Si en la pista se juntan un tipo vestido de Yeti, otro de esquimal y dos robots se deslizan por una maqueta que simula una pista de esquí de los JJ.OO de Sochi 2014, todo eso suena a chiste pero no lo es. Los tipos disfrazados son dos profesores del MIT que narran la competición de robots 2.007, o más bien dicho el examen final del curso de Design and manufacturing I del departamento de Ingeniería Mecánica del MIT.

Las pruebas son un prodigio de la robótica para aquellos, como un servidor, que no tienen ni idea de una suma mental de más de 3 cifras. Cada partida arranca con una pequeña prueba en la que el robot debe asumir un reto de manera autónomo, es decir sin control joystick mediante.

Luego, control remoto en mano, los robots deben subir la montaña, descolgar banderas, recoger medallas o derribar al enemigo con tal de sumar más puntos que su rival en la pista.

Competición final al margen, el curso consta de 10 semanas -4 de teoría y 6 de prácticas- en las que los alumnos deben desarrollar sus robots y demostrar “sus conocimientos en programación, diseño e ingeniería, todo ello con altas dosis de entretenimiento”, tal y como relata Sangabe Kim, uno de los dos profesores de la asignatura. En esencia, el objetivo del curso es “plantear retos a los estudiantes y que ellos ejerciten su creatividad para resolverlos a través de robots”, dice.

La competición no sería posible sin la participación de sponsors que se dejan ver en la grada mediante ojeadores y, en el pabellón, mediante un coche de Nascar (Exxon Mobil) y demás productos de merchandising de General Motors, Shell o Chevron. El MIT, a su vez, tiene expuesta la famosa mona Cheetah (en versión robot, claro) famosa por correr más rápido que el plusmarquista jamaicano Usain Bolt.

Al igual que en la competición de robótica FIRST -en la que participan estudiantes menores de edad de todos los EE.UU.- en el 2,007, las empresas que esponsorizan el evento también fichan a los estudiantes más prometedores en forma de internships, según reconoce Sangbae.

“¿Y cuántos se van de prácticas este año?” -pregunto-. “Eso ya no es cosa mía”, contesta con una sonrisa que indica que todo fluye en la asignatura, la universidad y su estrecho vínculo con la vida laboral.

Carlos Bertriu
Redacción

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