Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Slow Food: 25 años promoviendo la ecogastronomía


El movimiento gastronómico Slow Food cumple un cuarto de siglo con cientos de miles de seguidores. Se trata de una cultura alimentaria gracias a la cual su impulsor, Carlos Petrini, ha llegado a ser mencionado por The Guardian como una de las 50 personas que podrían salvar el planeta.

El término Slow Food surge como contraposición al de Fast Food. Esta corriente se caracteriza por apostar por una economía casi familiar ante la especulación económica de los mercados de la alimentación.

La riqueza productiva y particular de cada lugar, la calidad del alimento, el disfrute del buen comer y de la cultura que rodea a la alimentación en cada lugar del mundo, frente a los métodos unificadores de la globalización, son las bases de este movimiento.

José Luis Rosúa, profesor de la Universidad de Granada, asegura que “se trata de una corriente gastronómica y de pensamiento que pretende dignificar y aportar la visión del campesino, mostrar que la gastronomía es algo que va mucho más allá de las buenas artes culinarias y de los menús de diseño”.

Promueven el consumo de productos autóctonos, tanto por parte de particulares como en los restaurantes, el turismo rural local, la ganadería sostenible frente a la intensiva, y la creación de pequeñas empresas en el área de la ecogastronomía.

Slow Food se ha institucionalizado como fundación sin ánimo de lucro, tiene delegaciones en 170 países y cuenta con la única universidad del mundo dedicada exclusivamente a las Ciencias Gastronómicas. Además han creado más de 1.300 sinergias con núcleos o sociedades que difunden y trabajan esta filosofía por todo el mundo.

En su universidad se abordan las ciencias gastronómicas desde un punto de vista epistemológico, “desde la microbiología hasta el arte”, según su rector Carlo Grimaldi. La universidad cuenta con 16 profesores fijos y muchos visitantes. Comenzaron con 70 estudiantes y ya cuentan con 300.

El activismo de Slow Food pasa por catalogar, preservar y dignificar el trabajo de los productores de más de 4.000 productos en todo el mundo: desde la cebolla roja de Zalla (Vizcaya), o la leche de camello de los Karrayyu (Etiopía), pasando por muchos otros.

El mismo Papa Francisco ha llegado a interesarse por el movimiento Slow Food, y está en contacto directo con Petrini.

En una de sus cartas el Pontífice afirmaba que “la actividad de Slow Food y Terra Madre, dirigida a promover métodos de producción alimentaria en armonía con la naturaleza, suscita en mi ánimo sentimientos de sincero agradecimiento”.

Alba Sánchez Serradilla

Redacción

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