Martes 27 de Septiembre del 2016
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Reflexión sobre la resurrección. Opinión de Pilar Rahola


Resurrección.
Sin entrar en la idea cristiana de la resurrección de Jesús, para cuya creencia doctores tiene la iglesia, no puedo evitar la tentación de reflexionar sobre ese concepto, inspirada por este domingo sacro. Todas las religiones parten del terror humano a la muerte y de la necesidad de dar esperanzas más allá de ese terror. La idea, pues, de una vida eterna es central en cualquier fe, y a su alrededor se crean los relatos santos.

Visto desde la perspectiva del creyente, puedo entender esa necesidad del ser humano de sentirse aliviado por la esperanza de persistir cuando todo se acaba. Y como he escrito en alguna ocasión, los no creyentes llegamos desnudos a ese punto final.

Ciertamente, la idea de la resurrección es un bálsamo al miedo, un alivio a la desazón, un parche eficaz al roto de la muerte.

Sin embargo, ¿no es un sobreexceso del ego? Perdidos en un magma de millones de astros, sometidos a los dados de un juego de azar donde el universo experimenta con millones de partículas, ¿de dónde sacamos esta importancia que nos damos? Y, ¿por qué motivo nuestra estructura biológica es más importante que la de otras especies, hasta el punto de tener la capacidad de sobrevivir cuando se acaba el ciclo? ¿Por el hecho de haber desarrollado una habilidad como la de la inteligencia? ¿Es más importante para la biología la capacidad de pensar que la de correr o saltar o volar? Y, ¿todo ello es más importante que los grandes procesos cósmicos? Aunque es evidente que mis respuestas sólo sirven a mis dudas, son esas preguntas las que me impiden creer en resurrecciones, eternidades y otras trampas al solitario.

Sinceramente creo que la idea de la resurrección parte de un egocentrismo desmesurado que pone al ser humano en el centro de toda creación, cuando probablemente somos una simple anécdota. Es más, vista la capacidad que tiene la humanidad de destruir al planeta que la acoge y de hacer desaparecer a miles de especies, no está claro que seamos una buena idea para la vida.

Como explicaba la revista Science, los dinosaurios vivieron millones de años en la tierra, y nunca la pusieron en peligro. Nosotros sólo hemos necesitados unos pocos miles. Además, observar todo el universo desde la ínfima ventanita de nuestra mirada, me parece un síntoma considerable de simplismo.

Por supuesto todo lo que escribo no desprecia a quienes tienen otras preguntas y, sobre todo, han alcanzado otras respuestas, pero de la misma manera que la fe merece respeto, la incredulidad también merece su momento. Resucitar, vivir eternamente, trascender el hecho vital, ¡qué extraños conceptos y, sin embargo, qué populares!

Confieso mi incapacidad de entenderlo, porque parece más probable el fin de las cosas vivas, que no su eternidad. Al final, es la famosa pregunta sin respuesta de Nietzsche: “¿Es el hombre sólo un fallo de Dios, o Dios sólo un fallo del hombre?”.

Pilar Rahola
Publicado en: La Vanguardia

 

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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