Martes 27 de Septiembre del 2016
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La cultura humana y nuestra composición genética


Por desgracia no son pocas las veces que los reconocimientos vienen a  título póstumo tal cual le pasó al naturalista Jean-Baptiste Lamarck  cuya teoría “Herencia de los caracteres adquiridos” más conocida como “Lamarckismo” no se tuvo en cuenta hasta 50 años más tarde de su formulación. Fue a raíz de la publicación de ‘El origen de las especies’ cuando Darwin y otros evolucionistas la rescataron para cubrir el vacío que dejaba la selección natural.

Luego a principios del siglo XX el psicólogo norteamericano Mark Baldwin sugirió que las innovaciones culturales y aprendizaje podían completar el discurso de la selección natural, lo que se conoce como “evolución cultural” y “coevolución”. Oséase la evolución biológica comienza a seleccionar genes favorables al nuevo comportamiento, preparando así a los descendientes para que aprovechen mejor las nuevas conductas, coevolucionando genes y cultura.

En la actualidad investigadores profundizan acerca de la estrecha relación entre cultura y genética  y cómo cada una influye en la progresión natural de la otra. Sin duda  el hecho de saber cómo la cultura afecta a nuestra composición genética nos puede ayudar a comprender mejor la forma en que hoy la sociedad actúa.

Por ejemplo resulta curioso que los humanos seamos el único mamífero que ingiere leche en fase adulta, más cuando nuestros ancestros no podían hacerlo sin enfermar por ello. Sin embargo pudimos adquirir dicha habilidad hace 9.000 años en el momento en que el hombre se dedicó a la producción de lácteos. Además aquellas sociedades con una nutrida historia de producción y consumo de lácteos gozan de una tasa más alta de tolerancia a la lactosa.

Existen múltiples ejemplos que explican por qué las tradiciones y prácticas culturales pueden influir en el proceso evolutivo del hombre.

También en algunas poblaciones de África se ha desarrollado resistencia a una enfermedad mortal como la malaria debido a que cultivan ñame. Aquellas comunidades que lo hacen tienen tasas más tasas más altas del gen de la anemia falciforme, sus glóbulos rojos tienen forma de  medialuna o de hoz que produce esta anomalía. Debido a su correlación en las partes del mundo donde la tasa de infección de malaria es más alta la selección natural puede favorecer la anemia, cosa que en este caso es preferible por la inmunidad que garantiza a la picadura del mosquito.

De otro lado la domesticación de las plantas puede haber favorecido los genes que neutralizan algunos compuestos químicos nocivos que están presentes en las plantas que ingerimos. Al igual que la invención de la cocina pudo modificar la evolución de mandíbulas y esmalte.

Ahora bajo un contexto en que la tecnología más sofisticada adquiere gran relevancia está por ver de qué manera nos afectará, qué tipo de adaptaciones genéticas darán como resultado.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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1 comentario

  1. home Responder

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