Sábado 01 de Octubre del 2016
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No hay capitalismo para todos. Jorge Dobner


El dramaturgo alemán Bertolt Brecht decía que “las revoluciones se producen en los callejones sin salida” y casi quemando sus últimos cartuchos el capitalismo está obligado cuanto menos a reformularse antes de que éste eclosione. Claro está los cambios comienzan en las mismas instituciones que promueven el sistema “Europa necesita renovar a sus políticos” expresaba hace unos días el ahora ex eurodiputado Daniel Cohn-Bendit, apodado ‘Dani, el rojo’ en su carta de despedida.

Al respecto aún parece con cierta reticencia que el establishment se opone a cambiar tratados y profundizar en la integración.

Luego posiblemente dichas reformas estructurales vengan de la mano una nueva generación, provistos  de ideas frescas, libres de prejuicios y ambiente viciado.

Como alternativa más que necesaria diversos economistas han firmado entre los que se encuentran el profesor Daniel Cohen, Anne-Laure Delatte o Thomas Piketty un Manifiesto por la Unión Política del Euro apoyando así varias propuestas expuestas por el grupo los alemanes del grupo de Glienicke.

Su objetivo frente a una crisis existencial de la Unión Europea y clima de desconfianza es reivindicar la democracia y autoridad pública para recuperar el control en la regularización del capitalismo financiero y llevar a cabo las políticas de progreso social.

Una moneda única con el peso de 18 deudas públicas diferentes a sus espaldas, 18 sistemas fiscales y sociales en competencia salvaje unos con otros parece tarde o temprano condenado al fracaso. El pastel a repartir sabe a poco,  desaparece antes de servirse en la mesa, pues no existe capitalismo para todos. Peor aquel que promueve un darwinismo social donde solo sobreviven los más fuertes, cuál es entonces el destino de los países del sur.

Hay que cambiar el orden de prioridades: menos intrusión en asuntos secundarios como el IVA y prioridad en otros temas importantes tal es el caso de la lucha contra los paraísos fiscales, regularización financiera y justicia social.

También en aras de una construcción arquitectónica más democrática se plantea la instauración de una cámara parlamentaria en la zona euro, bien sea una agrupación de los países miembros  o nueva cámara que reúna a parte de  los diputados de los Parlamentos nacionales; en cualquier caso el efecto deseado es apoyarse en las soberanías parlamentarias nacionales para edificar una soberanía parlamentaria europea compartida.

No le falta razón a Cohn-Bendit cuando asegura que “la ciudadanía no se suma a la integración porque se sienten lejanos, y ese proyecto no avanza porque no cuenta con el apoyo ciudadano”  y es que la identificación se nutre de las expectativas inherentes a la unión: la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, señalados en el artículo 2 de su Tratado.

El espíritu solidario y sacrifico conjunto deberían ser las señas que marquen un camino más igualitario.

Por suerte ahora a los ciudadanos de a pie nos toca en las elecciones europeas elegir los representantes más idóneos con cierto sentido del riesgo para combatir este lobby financiero y lograr entrar en un camino que haga posible una sociedad más igualitaria para todos.

Jorge Dobner

Editor

En Positivo

 

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